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Cómo superar el miedo a la soledad

Una gran parte de los momentos de nuestras vidas se han caracterizado por la necesidad de estar rodeados de otras personas, lo cual es normal. Sin embargo, esto se empieza a convertir en un problema cuando ya perdemos el gusto por estar solos.

Este miedo puede llegar a límites extremos, incluso hasta generar autofobia, o miedo a la soledad. Tras este miedo en realidad se esconde el temor al abandono. Lo peor, es que esto nos impide pensar de manera positiva cuando más necesitemos de nosotros mismos para superar dificultades.

Desde pequeños nos han programado para estar cerca de nuestros padres y recibir sus cuidados. De igual modo, también fuimos acostumbrados a estar cerca de los compañeros de clases u otras amistades, y así fuimos creciendo, sin aprender que estar solos puede ser un verdadero instante de plenitud y felicidad.

Es extremadamente necesario controlar este miedo a la soledad antes que empiece a convertirse en un problema psicológico. Debemos reconocer que hemos venido solos al mundo, hemos conocido personas –algunas de las cuales se han convertido en especiales para nosotros-, pero aun cuando tengamos personas alrededor es un deber aprender a confiar en nuestras capacidades.

En realidad, nunca estamos solos, ni siquiera cuando no hay otras personas en nuestro entorno, porque la mejor compañía somos nosotros mismos, sólo que en algunos casos algunas personas sienten miedo a la soledad porque temen escuchar sus propios pensamientos.

Lo mejor es que existen consejos que todos podemos poner en práctica para aprender a valernos por nosotros mismos sin sentir temor cuando no hay personas cercanas.

Consejos para perder el miedo a la soledad

1-Mira tu miedo desde la racionalidad: deja a un lado la emocionalidad, intenta descifrar lo que se esconde tras tu miedo a la soledad. Si bien en la mayoría de las personas se trata de un miedo al abandono, no en todos los casos debe ser así necesariamente. Por ello, trata de indagar qué es lo que realmente te asusta. Para lograrlo, párate frente al espejo y pregúntate qué crees que podría pasar si te encuentras un momento a solas. Si es necesario, apunta en una hoja cómo ha sido tu experiencia de ese encuentro con tu propio Yo desde el otro lado del espejo, y léelo un par de veces hasta encontrar lo que realmente temes.

2-Lleva el miedo hasta el límite: piensa qué podría ocurrir si te encuentras sin nadie cerca de ti. A partir de esta pregunta podrás percatarte que en realidad no hay nada de lo cual asustarse, sino que todo está en nuestra mente. El temor es una sensación que muchas veces no se sustenta en nada, sino en creencias propias que no tienen cabida en la realidad. Si observas detenidamente, también podrás notar que todo lo que imaginas es pequeño y no hay motivos justificados para vivir en sufrimiento desde ese temor autoimpuesto.

3-Acércate al encuentro contigo mismo: para superar el miedo a la soledad debes empezar a buscar momentos en los cuales puedas encontrarte contigo, sin que estén otras personas cerca. Puedes ir a un parque, sentarte a disfrutar el viento, ver las hojas caer y observar a otras personas que pasean en el mismo sitio, pero con las cuales no tienes ningún vínculo y poder verlas desde tu posición, con lejanía, y sin necesitarlas, como por ejemplo haciendo mindfulness.

4-Apaga todos los equipos: como el radio, el teléfono, la tabla, la televisión, incluso puedes desconectar el Internet para evitar recibir mensajes de otras personas. Intenta disfrutar ese momento totalmente a solas. Puedes leer un libro, hacer una manualidad, regar plantas o cualquier otra actividad que no requiera la presencia de otras personas. Tan pronto comiences esta rutina podrás observar que poco a poco las irás disfrutando en soledad.

5-Crea lazos fuertes: con otras personas. Esto quiere decir que, quienes sienten miedo a la soledad, tienden a relacionarse con personas que ni siquiera son de su total agrado, sino que las frecuentan sólo por la compañía, así esta no sea provechosa. Quienes realmente cuentan son aquellas amistades que, aunque no siempre tengan tiempo para estar cerca, sabes que estarán cuando se presenten situaciones de emergencia. Y no descartes el convivir con una mascota, como por ejemplo al adoptar a un gato.

6-Desarrolla confianza en tus potencialidades: date cuenta que tú puedes salir de muchas situaciones sin necesidad de otras personas, que puedes estar solo y sobrevivir gracias a todas las capacidades que posees. Debes creer esto fervientemente y verás cómo aumenta tu confianza de manera paulatina. Todo empieza por darte un voto de confianza.

miedo a la soledad

7-Modifica el todo lo que has aprendido: sobre el concepto de la soledad. Es momento de transformar ese concepto y darle otro sentido. Debes verlo como un momento maravilloso de reconciliación con uno mismo y que todos tenemos, pero no todos sabemos apreciarlo. En este encuentro a solas contigo también podrás conocerte mucho más, descubrir cómo puedes crecer, escuchar tu voz interior que te indica el mejor camino para ser feliz, en lugar de escuchar ruidos externos de otras personas que no te conocen lo suficiente.

8-Traza nuevos logros por alcanzar en tu vida: objetivos que te harían sentir feliz, pero que por estar cerca de muchas personas –sobre todo si estas son superficiales- no has podido lograr hasta ahora.

9-Asume la responsabilidad: de tu destino y olvida el victimismo. Sólo siendo responsables por nuestros actos estaremos en capacidad de lograr nuestros propósitos comprendiendo que su realización depende exclusivamente de nosotros. En ese momento abriremos los ojos, será como un despertar, nos percataremos que los demás sólo juegan un papel secundario y que muchas veces se convierten en tropiezos para llegar hasta el lugar que queremos. A partir de ese momento, estaremos más seguros sobre el poder de nuestras acciones, y necesitaremos cada vez menos estar obligatoriamente rodeados de personas.

10-Suelta la dependencia: la mayoría de las veces el miedo a la soledad esconde en realidad un tipo de dependencia hacia otra u otras personas. Esta dependencia quedará disuelta a medida que puedas ir disfrutando de tus momentos a solas.

Si sientes que lo has intentado todo, pero aún no puedes superar tu miedo a la soledad, entonces es mejor contactar con un especialista que te ayude a deshacerte de la dependencia y a perder el miedo a estar en soledad. Muchas veces esto se puede lograr con una serie de terapias, y sin necesidad de fármacos.

La idea de aplicar estos consejos es que puedas disfrutar esos momentos de calma que sólo podrías tener contigo mismo y sin nadie más. Asimismo, disfrutar la soledad te permitirá ver que esta es necesaria para poder reflexionar, e incluso tomar decisiones acertadas sin tener tantas voces cerca dándonos miles de opiniones que terminan por confundirnos.

Disfrutar la soledad no es lo mismo que aislarse de todas las personas y el entorno. Esto significa el poder ser lo suficientemente independientes para ir a tomar un café, ver una película, ir a l parte, entre otros, sin que tengamos que necesitar a los demás, incluso cuando estos no puedan, ya que nuestra vida quedaría paralizada.

En la medida que aprendamos a estar bien con nosotros mismos, la calidad de nuestras relaciones con amigos y familiares también mejorará, ya que no veremos a los demás como si necesitásemos de ellos, no forjaremos nuestros vínculos desde la dependencia, sino desde la libertad y el amor verdadero.

Comunicación en la pareja

Hace poco en la consulta, en mi programa terapéutico donde  trabajo con la persona un mes entero intensamente, mi consultante planteaba un problema común. No poder desarrollar una adecuada comunicación con su pareja de hace siete años. Esperando un bebé, en este importante momento parecía que la comunicación entre ellos había cambiado y si había cortado.

Eso pasa también en parejas que llevan poco tiempo. Todos tenemos un estilo de comunicación. Si ambos estilos, el mío y el de mi pareja chocan, podemos y debemos  mejorarlos.

Una sana comunicación en la pareja es fundamental para una relación feliz. Ya conoces la teoría; en este artículo nos vamos a centrar en la práctica  para que mejores tu comunicación en pareja.

RECOMENDACIONES  Y  EJERCICIOS  PARA  LA  COMUNICACIÓN  EN LA PAREJA

Vamos a pasar a la práctica con estas pautas y ejercicios.

1-­‐ Promueve  y  previene  futuros  conflictos.

Prevenir siempre es mejor que curar. Cuando el conflicto está desatado, es mucho más difícil de solucionar.

Ejercicio:  pregúntale  a  tu  pareja  abiertamente  (al  menos  una  vez  a  la  semana),  si  en   algún  momento  has  hecho  algo  que  le  moleste.  Trata  de  resolver  conflictos  siempre   antes  de  ir  a  dormir.

2-­‐ Di  “gracias”.

Valora  de  forma  consciente  las  cosas  que  tu  pareja  hace  por  ti  y  no  te   centres  únicamente  en  aquellos  “errores”  que  comete.

 Ejercicio:  toma  papel  y  lápiz  y  anota  en  una  hoja  las  cosas  que  tu  pareja  hace  por  ti,   incluyendo  tanto  los  grandes  actos  como  los  pequeños  detalles,  y  contesta   sinceramente:

• Cuando  mi  pareja  ha  hecho  alguna  de  esas  cosas,  ¿le  he  demostrado  abiertamente   aprecio/agradecimiento  por  ello?  ¿Cómo  podría  expresarle  lo  feliz  que  me  he   sentido?

comunicación en la pareja

 

3-­‐ Aprende  de  los  conflictos  vividos  juntos.

Ya han surgido conflictos en el pasado y ya los hemos resuelto. Hemos de recordar y darnos cuenta de cómo lo hicimos.

Ejercicio:  juntos,  haced  una  evaluación  de  la  situación  que  ha  supuesto  un  conflicto  y   de  cómo  se  ha  resuelto.  Recordad  qué  provocó  el  malestar,  qué  pensabais  y  cómo  os   sentíais,  para  después  reforzar  y  premiar  cómo  lo  habéis  resuelto,  cómo  se  ha   transformado  vuestro  pensamiento  y  el  bienestar  que  os  produce  haberlo  solucionado.

Si quieres profundizar en esto, el libro que recomiendo es esta magnñifica obra de Ramiro Calle, El arte de la pareja.

4-­‐ Asumir  que  ambos  sois  parte  del  problema  y  parte  de  la  solución

En  muchas  ocasiones  tendemos  a  pensar  que  nuestro  estado  de  ánimo  depende  de   nuestra  pareja,  es  decir,  que  él/ella  es  “culpable”  de  nuestro  malestar.  Esto  suele   traducirse  en  frases  tipo:  “me  presionaste  y  no  tuve  opción”,  “lo  hice  porque  me  lo   dijiste  y  mira  las  consecuencias”,  “estaba  esperando  a  que  me  dijeras  algo  para  que   habláramos”…

Ejercicio:  dibuja  3  columnas  en  una  hoja.  En  la  primera  escribe  de  qué  tiene  culpa  tu   pareja  (ejemplo:  “no  ha  tirado  la  basura  y  huele  toda  la  casa”).  En  la  segunda  haz  un   análisis  de  la  situación  pero  en  relación  contigo  mismo/a,  y  anota  tu  participación  o   responsabilidad  en  lo  sucedido.  En  la  tercera  escribe  las  posibles  acciones  que  tú   puedes  llevar  a  cabo  o  soluciones  para  que  no  vuelva    a  pasar.

 

5-­‐ Practica  el  “Te  quiero”

Muchas veces tratamos de discutir menos, cuando lo que hemos de hacer es querernos más. Esta que sigue es una buena manera.

Ejercicio:  en  un  ambiente  de  intimidad,  coged  vuestras  manos  y  miraos  directamente  a   los  ojos.  Decíos  mutuamente  lo  que  sentís  el  uno  por  el  otro,  reconociendo  la  valía.

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Mejora la comunicación con tu pareja

Pautas efiaces para hombres y mujeres de toda orientación sexual

Comunicación en la pareja (I): cuando ella quiere hablar y él sólo quiere escapar

Un problema, que vemos muy habitualmente de terapia de parejas, es la falta de comunicación. Pensamos que nuestra pareja debería ser de la forma que nosotros somos con ellos y recibir lo que nosotros damos, he ahí el error: creer que hombres y mujeres somos iguales en cuanto a cogniciones, sentimientos y expresiones. Los hombres se guardan todo, mientras que las mujeres son libros abiertos.

Este primer artículo de “Comunicación en la pareja” está dirigido sobre todo a las mujeres, para que comprendan por qué a los hombres les cuesta compartir sus problemas y daremos breves pautas para no caer en discusiones ni malentendidos.

Luis llega a su casa después de un largo día de trabajo. Ha sido un día duro: en el trabajo las cosas no van bien y ha escuchado rumores sobre posibles despidos. Está deseando traspasar el umbral de la puerta y sentarse en el sofá para ver el partido de esa noche.

Ana tampoco está contenta pues ha discutido con su mejor amiga esa tarde y espera que llegue Luis a casa para poder contárselo porque está muy agobiada.

Nada más sentarse en el sofá Luis, Ana se sienta a su lado y comienza a sacar el tema de la discusión, pero él no está receptivo. Ella se da cuenta de que no le está escuchando e intenta llamar su atención, sin conseguirlo, sintiéndose triste. Luis se excusa y le dice que no ha llevado un buen día. Ana ve aquí una oportunidad de sacarle conversación y le pregunta por ello, consiguiendo lo mismo que antes: Luis está esquivo y sólo se centra en el partido.

Ana se enfada y le echa en cara que ya no hablan y que parece que él ya no la quiere. Gritando, ella se va a la habitación, mientras Luis no entiende por qué se ha puesto de ese modo.

¿Te suena esta escena? ¿Has vivido esta situación? ¿Qué ha ocurrido?

Una aproximación a las diferencias de género

John Gray, en su libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” (1992), lo expresa de este modo: “Una de las mayores diferencias entre hombres y mujeres está en el modo en que hacen frente al estrés. Los hombres tienden a mostrarse cada vez más concentrados e introvertidos, y las mujeres cada vez más abrumadas y emotivas.

Los hombres, cuando tienen un problema gordo, se encierran en su “cueva” (como dice Gray) y se centran en él, aislándose de todo lo externo; y, hasta que no le ponga solución, no saldrá de ésta. Pocas veces el hombre compartirá un problema, a no ser que busque consejo (normalmente, tenderá a apañarse él sólo, pues no le gusta delegar en otros). En cambio, las mujeres tienden a ser más emotivas y les alivia contar todos sus problemas, vaciándose de ellos, sin necesidad de buscar soluciones.

En el caso de Luis y Ana, vemos cómo afrontan los problemas cada uno: Ana busca desahogarse contando la discusión con su amiga, mientras que Luis prefiere centrarse en el partido e intentar distraerse, ya solucionará sus quebraderos de cabeza más tarde.

Ana no comprende que Luis tiene su propia forma de hacer frente a sus preocupaciones y piensa que si no hablan de ellas, es que la relación no va bien y teme que ya no la quiera, pues para ella lo normal es compartirlo todo. Sin embargo, Luis está buscando una distracción para no pensar en asuntos del trabajo y, por ello, lo que menos le apetece es hablar de ellos y no pensar.

Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Qué podría hacer Ana para no sentirse tan apesadumbrada?

La cueva: el escondite del hombre

Primeramente, debe conocer bien qué es la cueva y por qué el hombre se refugia en ella.

Cuando un hombre se ve abrumado por sus problemas, tiende a retirarse a un lugar aislado, donde permanecerá absorto buscando una solución y reflexionando. Ese lugar es íntimo y exclusivo para él, ni siquiera sus amigos van a poder entrar. La cueva está diseñada para que el hombre angustiado o disgustado pueda tranquilizarse y recuperarse a sí mismo y su autocontrol. Si alguien intenta traspasar el umbral de una cueva, se encontrará con un ser reacio, no receptivo e, incluso, irritado: es su territorio y el acceso está claramente restringido a todo aquel que no sea él.

comunicación en la pareja

Las mujeres tienden a quererse meter en cueva constantemente para poder ayudar a su pareja, haciendo que estos se disgusten y se agobien todavía más. Para ellas mostrar apoyo, compasión o cariño es natural y algo que les reconforta recibir y dar, pero se equivocan al pensar que ofreciéndoles lo mismo a sus parejas van a conseguir el mismo resultado. Para ellos es diferente ya que intentan solucionar los problemas sin ayuda de los demás, de este modo creen que demuestran su valía y se sienten más orgullosos de sí mismos. Cuando alguien se entromete, pueden llegar a pensar que esa persona no confía en que puedan ponerle fin al quebradero por sí solos, menospreciándoles, por lo que se disgustarán.

Pequeños consejos para mujeres desesperadas

A continuación, 7 consejos para que las mujeres puedan hacer frente a las situaciones en las que los hombres están “ausentes” y no vean a la “cueva” como su enemiga.

  1. Entender la existencia de la cueva.

La cueva es tan natural para los hombres, como cuidar para las mujeres. Tenemos que entender que existen diferencias y que del mismo modo que a una mujer le gusta demostrar cariño estando pendiente de su pareja, al hombre le agrada tener su independencia de vez en cuando. Tenemos que concebirla como un proceso por el cual pasa el hombre que le hace sentir bien.

  1. Apreciar a la cueva.

En ocasiones, las mujeres pueden llegar a ver a la cueva como una intrusa o como algo malo. Si se ha comprendido el motivo de que los hombres se refugien en ella, deberá concebir que es algo que no puede cambiar y que va ligado a ellos. Si se le culpabiliza por intentar tener su independencia aislándose, él se verá más abrumado, por lo que tardará más en salir de ese estado de ausencia. Además, saber de los beneficios que le proporciona la cueva al hombre, debería hacer que las mujeres la apreciaran, pues es la que les devuelve a su pareja reconfortada.

  1. Apoyar a su pareja.

Las mujeres pueden dar apoyo a sus parejas aprobando que tenga su autonomía, no intentar ayudarles a salir, ni apiadarse o compadecerse de ellos por haber entrado en la cueva o esperar ansiosamente a que salgan.

  1. Confiar.

El hombre sale de la cueva, antes o después, pero sale. Confiar y tener fe en que ese momento llegará, ayudará con la espera.

  1. Distraerse.

Para hacer más llevadera la espera, ¡¿qué mejor que dedicarse un poco de tiempo a una misma?! Hacer actividades que distraigan y entretengan a las mujeres, harán que el tiempo se pase más rápido y también es beneficioso (y necesario) para ellas. Además, el que la mujer esté distraída, sin preocuparse por lo que se cuece en la cueva, hará que el hombre no se sienta presionado para salir, sea más flexible y tenga más ganas de abandonar su aislamiento: ver a una mujer feliz, le hará feliz y deseoso de volver a su lado.

  1. Amigas, las eternas confidentes.

Cuando se sienta la necesidad de hablar de los problemas, se puede recurrir a desahogarse con las amigas. Ellas también son mujeres y están “programadas” para escuchar y apoyar, por lo que es una buena vía de escape.

  1. “Cuando tengas ganas de hablar, ¿me lo dirás?”

Cuando se vislumbre una muestra de que la salida de la cueva es inminente, se puede formular esta breve frase, de este modo, las dos partes de la pareja saben que están receptivos a tener una conversación sin presiones.

Espero que este artículo haya sido de tu agrado. Sé que puede parecer que existen estereotipos o generalizaciones a lo largo del escrito, pero recalcar en todo momento de la existencia de las diferencias individuales y, ante todo, una igualdad entre ambos géneros.

Próximamente hablaremos de cómo se enfrentan los hombres cuando una mujer necesita desahogarse y daremos consejos para entenderlas en esta serie sobre la comunicación en la pareja.

María Cartagena, Psicóloga.

¿Por qué se mantiene la violencia de género? Sé la dueña de tu vida (IV)

Yo creía que iba a cambiar. Eso era lo que él me prometía siempre cuando me pedía perdón. Me decía que “se le habían cruzado los cables”, que “sólo yo conseguía sacarle de quicio”, pero que estaba arrepentido. Y me prometía una y otra vez que  no volvería a pasar, y claro, yo le creía. ¿Cómo no le voy a creer, si esto antes no pasaba? Pensé que habían sido varias situaciones puntuales y que se acabaría. Pero nunca acabó.

Es más, cada vez fue peor. Se convirtió en alguien que yo no conocía. Y yo, finalmente… también dejé de conocerme a mí misma, ¡porque permitía que me llamara hija de puta y ya no pasaba nada! Era lo más suave que me decía cuando se enfadaba.

Luego empezó a lanzar mi móvil y romperlo, después a pegar a las puertas, a perseguirme cuando yo ya no quería seguir discutiendo, a buscarme al trabajo,  y ya… Un día me cogió del pelo. No me hizo nada más. Pero… ¿cuándo empecé a cambiar yo para permitir esto?”.

Muchas mujeres víctimas de la violencia de género llegan a consulta con un sentimiento de rabia hacia ellas mismas. De culpabilidad por “no haberse dado cuenta”, “por haberse dado cuenta tarde”. Y es una pregunta que no sólo ellas se hacen. La sociedad también se pregunta por qué. Por qué alguien “permite” que le agredan y encima continúa viviendo al lado de esa persona.

La violencia de género sigue un ciclo llamado CICLO DE LA VIOLENCIA que desgraciadamente se cumple en todos los casos.

sandra herreros psicologa

Vamos a comenzar por una situación de aparente calma. Es el momento en el que no existen conflictos, que más o menos la relación se lleva con normalidad. Esta situación puede durar horas o días, depende de lo que se haya fijado ya esta dinámica entre la pareja.

Es el momento en el que la mujer interioriza o intenta autoconvencerse de que la agresividad ha pasado, el periodo en el que el agresor intenta demostrar (por poco tiempo) que esas promesas de cambio se pueden mantener, y es precisamente el momento que supone un refuerzo para la mujer. En esta etapa la mujer se siente feliz, “comprobando” que el agresor es como ella lo conoce: cariñoso, amable, detallista

De repente, pequeños cambios empiezan a dilucidar que esta calma está en riesgo. Aparecen pequeños roces que comienzan a sumar tensión. Suelen ser cosas sin importancia, como que el hombre haya llegado a casa y no haya encontrado puesta la comida en la mesa, que el niño haga ruido y él tenga que descansar, o en los casos de adolescentes podría ser que él le hablara y ella no le contestara al estar distraída con el móvil, por ejemplo. Estos pequeños conflictos van acumulando TENSIÓN.

La siguiente fase es la de EXPLOSIÓN. Como su nombre indica, en esta etapa se rompe con esa aparente calma y se produce una agresión, dándose lo que se conoce como LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA. Al principio de la relación se darán agresiones más leves, como pueden ser las agresiones psicológicas (“esto se va a acabar, estoy harto de que no me prestes atención. Si me quisieras, estarías escuchando lo que te digo”), después las verbales (“eres una guarra”), llegando a convertirse en agresiones físicas (ya sea un empujón, un zarandeo, un puñetazo o una paliza) y como comentamos, intentos de homicidio o la muerte violenta.

¿Qué conducta creéis que adoptará el agresor si quiere conservar a la mujer a su lado? ¿Creéis que una relación se mantendría si todo lo que encontráramos en ella fuera negativo?

Para que en una relación se produzca un enganche, primero tiene que haber una etapa POSITIVA, en la que todo sea bonito. Al producirse un cambio tan radical como es una agresión, sea del tipo que sea, este acontecimiento choca frontalmente con esa idea de perfección de la pareja, por lo que la mujer siempre va a plantearse dudas, y va a intentar justificar dicha conducta.

Por ejemplo: en la primera fase de la relación suele incrementarse la violencia psicológica. Cuando esto pasa, la mujer lo justifica con “se ha puesto muy nervioso”, “hemos perdido los nervios”. A esto tenemos que sumar el arrepentimiento por parte del agresor. Chicas, SIEMPRE va a tener un momento de arrepentimiento. De pedir perdón. De llorar. De prometer que no va a volver a pasar. De pedir segundas oportunidades.

Pero, ¡OJO! Perdonar esto es lo que permite que se vuelva a repetir el ciclo. Si se perdona una vez tras otra, el agresor va a percibir que, haga lo que haga, nunca va a haber una consecuencia negativa. Por lo tanto, es lógico  que esta conducta se repita y lo que es peor, se agrave.

Escalada violencia

Conforme pasa el tiempo, el ciclo se va repitiendo más rápidamente. Las fases se hacen cada vez más cortas, y se va produciendo lo que se conoce como indefensión aprendida: esta teoría de la indefensión aprendida la formuló Seligman en 1975.  La indefensión es el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando percibimos que los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos.

Cuando hagamos lo que hagamos siempre sucede lo mismo. Leonore Walker, partiendo de los experimentos de Seligman, inauguró una línea de investigación todavía vigente y que se puede resumir en que: la repetición del ciclo de la violencia lleva a provocar una respuesta pasiva por parte de la mujer ya que, haga lo que haga, no va a cambiar nada. Así, deja de buscar soluciones a los problemas y llega a sentir esa sensación de “no sé cómo salir de aquí”.

Por todo esto es tan importante que lleguemos a conocer cuál es la punta del iceberg de la violencia de género (lo que explicábamos en los artículos anteriores): para saber cuándo poner fin.

SÉ LA DUEÑA DE TU VIDA.

Sandra Herreros. Psicología en Positivo.

¿Cómo evitar las discusiones por dinero en la familia?

Hablar sobre dinero e ingresos siempre ha sido un tema tabú entre familiares. Ya son muchas las familias que han acabado enfriando o incluso rompiendo su relación por temas económicos y ante este peligro la mayoría de miembros acaban optando por ignorar los problemas económicos en las conversaciones familiares.

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Imagen: cronicanorte.es

Ya sea porque hay que repartir una herencia, porque uno de los hermanos está fuertemente endeudado o porque otro tiene un proyecto interesante en mente para el que necesita una buena cantidad de dinero, cuando las cuestiones económicas agitan las relaciones familiares debemos encender la alarma de “atención, discusión a la vista”. A continuación analizamos dos de las situaciones más comunes que pueden llevar a este tipo de discusiones y cómo evitar que acaben en mal puerto.

“Los problemas económicos comienzan a ser un tabú en las familias que quieren evitar discusiones por dinero”

El problema de los endeudados

Por mucho que todos vengamos de los mismos padres no todos tenemos las mismas habilidades a la hora de administrar nuestro dinero ni la misma suerte. Es por eso que en muchas ocasiones uno de los hermanos de la familia acaba con varias deudas que no puede asumir y acaba pidiendo ayuda a alguno de sus hermanos que se encuentra en una situación económica más holgada.

Esto no tiene por qué ser negativo si lo gestionamos bien; un miembro de la familia ayuda al otro a saldar sus deudas y éste le acabará devolviendo la cantidad prestada en el periodo acordado y sin la asfixia de los intereses. No obstante, en muchas ocasiones eso no suele suceder, ya que el miembro que ha recibido la ayuda de su familiar acaba por no devolver el dinero, ya sea porque realmente no puede o no quiere. En ese caso la relación entre ambos se verá seriamente perjudicada ¿Qué podemos hacer?

Para evitar este peligro y dejar que las relaciones familiares mantengan su buena salud sin contaminarse de cuestiones económicas una buena opción para afrontar todas nuestras deudas es la de contratar un servicio de reunificación de préstamos. Centralizando todas nuestras deudas en un único prestador.

El problema de las herencias

Otra fuente común de discusiones económicas en la familia suele suceder tras la muerte de algún familiar y la repartición de la herencia. Cuanto más claro haya quedado el testamento menos posibilidades habrá para que esto suceda. Aun así siempre están los individuos disconformes que exigen algo que no se les ha sido asignado.

“Cuando un testamento no queda lo suficientemente claro las discusiones familiares suelen estar casi aseguradas”

Ante esta situación poco queda por hacer, y lo mejor es confiar en las relaciones entre los familiares para que entre todos se llegue a un acuerdo razonable sin necesidad de llegar a fuertes discusiones ante los tribunales. Al menos en honor al difunto.

Cierto es que para poder conseguir un consenso familiar a menudo uno de los miembros acaba por aceptar alguna condición con la que no está de acuerdo sólo por conservar la armonía y el buen estado de las relaciones. Porque recordemos que “si uno no quiere, dos no riñen”.

¿Por qué Falla mi Relación de Pareja?

Tener pareja siempre debe de ser un beneficio para dos personas que se respetan, confían y son sinceros el uno en el otro, se comunican y se apoyan, toleran las diferencias o divergencias y mantienen una independencia personal o autonomía al margen de la relación.

¿POR QUÉ SE ROMPEN LAS RELACIONES?

Cariño, tenemos que hablar”. Son más que cuatro palabras. Socialmente hemos dado una connotación negativa a esta ya “frase hecha” y la relacionamos con una “propuesta” de ruptura. Una relación sentimental puede romperse por diversos factores, pero si buscamos un denominador común en estos fracasos amorosos, encontraremos una falta de educación en relaciones.

Siempre se ha hablado del “amor para siempre”, de “la pareja ideal” o “la media naranja”, cosa de la que se lucran las productoras, las editoriales, las discográficas y un largo etcétera y esto se debe a que a todos nosotros nos gustaría creer en ello como algo real. Cuando una persona busca lo que ve en las películas o lee en los libros y no lo encuentra en su pareja llega la frustración. Los mitos del amor son la revelación más oculta a la que nos aferramos una y otra vez pese a comprobar que son eso: mitos.

 

 LA FELICIDAD SE ENCUENTRA EN NOSOTROS MISMOS

Lo más importante que deberíamos tener interiorizado cada uno de nosotros es que la felicidad no reside en tener o no pareja, sino que es una actitud frente a la vida sean las condiciones que sean por las que estemos pasando. No es algo normativo y natural mantener una relación y menos que esta tenga que ser heterosexual, debemos entender que no todos tienen o desean tener pareja y que, de tenerla, puede ser del mismo sexo o de distinto.

“DISNEY NOS HA HECHO MUCHO DAÑO”

Por otro lado, está la ya tan citada frase “Disney ha hecho mucho daño” cuando pensamos en la “media naranja”. Debemos darnos cuenta de que no existe ese chico perfecto o chica perfecta, pues no lo somos ni siquiera nosotros mismos.

Pensar que hay alguien para nosotros ahí fuera que nos está esperando, sólo hace que caigamos en una decepción tras otra cuando o bien no aparece nadie o el que aparece no es lo que esperábamos.

Tampoco funciona el “ya le cambiaré cuando seamos pareja”, no nos engañemos: esperar o desear eso hace que realmente no estemos valorando o queriendo a esa persona, sino a nuestro ideal de pareja.

Y la decepción llega cuando nos damos cuenta de que no ha cambiado o no quiere cambiar (¿cambiarías por tu pareja sólo porque él/ella quiere?, considéralo por un momento).

Terapia de pareja

EL AMOR CAMBIA, NO ES SIEMPRE IGUAL

Otra frustración de esas que desmorona una relación es el mal concepto que se tiene del amor. Muchos piensan que el amor se acaba. Sí, no se puede negar que ocurre, pero normalmente lo que ocurre es que el amor CAMBIA, se transforma.

Nadie nos enseña que el amor comienza siendo la pasión y el enamoramiento que tanto deseamos, el no poder estar apartado de tu pareja y pensar en él o ella las 24 horas del día, pero que esto tiene fecha de caducidad.

Las personas que confunden el amor con el enamoramiento creen que este ha acabado a los 2-3 años de relación, cuando el enamoramiento comienza a extinguirse. Este error puede llevar a que no se pueda mantener una relación duradera más allá de unos 2 años y que constantemente cambie de pareja llegado a este punto, pensando que ya no se quiere al otro.

El amor tiene sus fases y las relaciones cambian según la fase en la que se encuentren, pese a quien le pese, pues es algo natural. Todos deberíamos ser educados en el amor de modo que entendamos que este comienza siendo eso: pasión, deseo y “encaprichamiento” y que este va cambiando a compañerismo, cariño, amistad (diferente a la establecida con nuestros amigos), apego e intimidad, es decir, algo diferente, pero sigue siendo amor.

DOS PERSONAS, UNA PAREJA, UN BENEFICIO COMÚN

Tener claro estos principios a la hora de pensar en el amor hará que mantengamos una vida amorosa sana y nos ahorrará más de un disgusto o sufrimiento.

Tener pareja siempre debe de ser un beneficio para dos personas que se respetan, confían y son sinceros el uno en el otro, se comunican y se apoyan, toleran las diferencias o divergencias y mantienen una independencia personal o autonomía al margen de la relación.

 María Cartagena (Psicóloga)

5 Consejos para Decidir si Romper con tu Pareja

El eterno dilema moral con en el que todos y todas, en algún momento de nuestras vidas nos hemos encontrado. Romper o no romper, seguir o no seguir… Sin duda, una gran decisión.

Se trata de un proceso complejo que requiere un gran nivel de reflexión y una búsqueda constante de soluciones para lograr acercarse lo máximo posible a la decisión adecuada. Por otra parte, quiero que entiendas que este artículo no es una invitación a que rompas deliberadamente con tu pareja, sino que se trata de una fuente de inspiración para que alcances una mayor conciencia sobre lo que sientes por la otra persona y así, tomes la decisión que más te convenga.

ANTES DE TOMAR LA DECISIÓN

Antes de plantearte si quiera romper una relación, me gustaría que pensases en todas las implicaciones que esto puede tener en tu vida. Como todo acto, este también tiene sus consecuencias¿Realmente estás preparada/o para tomar esta decisión tan importante? Q

uizás parezca absurdo, pero debes tener en cuenta que una vez comiences el proceso no habrá marcha atrás. En el mismo momento en el que pronuncies las palabras “cariño, tenemos que hablar” todo cambiará para siempre. La metáfora del papel arrugado lo explica perfectamente: coge un papel liso y blanco, arrúgalo y a continuación vuelve a alisarlo. ¿A quedado igual que antes? ¿No, verdad?

Quieras o no quieras, la otra persona sufrirá, eso es inevitable¿Pero que otra opción tienes? ¿Seguir con esa persona para no hacerle daño? ¿No crees que eso le hará más daño todavía? El amor siempre lleva consigo dolor, es una ley de la naturaleza. Sea como sea, si decides seguir adelante, te ofrezco 5 consejos para ayudarte con tu decisión.

5 CONSEJOS PARA DECIDIR SI ROMPER CON TU PAREJA

(Adaptado de D´Zurilla y Nezu, 1982)

1- CONFÍA EN TU CAPACIDAD PARA DECIDIR

Si vas a tomar una decisión tan importante como esta, es fundamental que confíes en tus propias capacidades para resolver la situación. La toma de decisiones suele provocar una gran cantidad de dudas y un gran nivel de incertidumbre, y precisamente por eso, cuanto más confíes en que podrás resolverlo, más probable será que lo consigas. Del mismo modo, los pensamientos del tipo “no se que hacer”, “no se como actuar”, “¿le estaré haciendo daño?”, “¿será la decisión correcta?”, etc. limitarán dicha capacidad y te provocarán un mayor nivel de ansiedad.

Por tanto, si crees que puedes solucionar un problema y diriges tus esfuerzos a solucionarlo, las probabilidades de conseguirlo aumentarán de forma considerable.

Consejo: Indaga en tus pensamientos y localiza aquellos que impidan que avances hacia una solución eficaz. Puedes crear pensamientos alternativos tales como: “voy a poner fin al problema”, “buscaré soluciones eficaces”, “no puedo posponerlo más”, etc.

romper una relación

2- DESCUBRE POR QUÉ TU PAREJA NO FUNCIONA

Si te estas planteando romper con tu pareja es porque algo no funciona. Es más, estoy seguro de que no existe una sola causa, sino que tienes múltiples razones para querer poner fin a tu relación.

Los problemas de pareja, al igual que el resto de problemas en la vida, se generan por muy diversos motivos. Es por ello que en este momento, será muy importante que definas de forma precisa, cuales son esos motivos.

Para hacerlo, debes tener en cuenta que todos y todas tenemos una serie de necesidades emocionales, racionales y sexuales, que en el caso de no ser satisfechas, se convertirán en la base de los problemas de la pareja.

Por otro lado, estos tres aspectos están relacionados con lo que una persona necesita para sí misma y con lo que espera que le ofrezcan los demás. En definitiva, un problema puede tener una base emocional (“ya no siento nada”, “ya no lo quiero”, “me siento triste”, etc.), racional (“somos muy diferentes”, “siempre quiere estar en casa y a mi me apetece salir”, “somos incompatibles”, etc.) o sexual (“no funcionamos en la cama”, “ya no me excita”, “el sexo es muy rutinario”, etc.).

Consejo: Busca tus posibles razones o causas del problema y enmárcalas dentro de cada uno de los tres ejes de las necesidades (emocional, racional y sexual). Del mismo modo, también puedes enmarcar todos aquellos aspectos de tu vida y de tu pareja que creas que están siendo satisfechos.

3- BUSCA DIFERENTES SOLUCIONES

Ahora que conoces los motivos o las causas por las que tu relación de pareja no funciona, es el momento de empezar a buscar soluciones.

Lo cierto es, que para cada problema existen cientos de alternativas diferentes. Cuantas más alternativas contemples y cuanto más variadas sean, mayor probabilidad tendrás de alcanzar una decisión adecuada. Sin embargo, en la práctica, esto puede resultar un incordio y quizás no tengas el tiempo necesario para pararte a pensar en todas las alternativas posibles. De todos modos, es fundamental que generes algunas posibilidades y que priorices aquellas que te resulten más factibles, más realistas y con más posibilidades de funcionar para tu caso particular.

Consejo: Piensa en 5 alternativas a tu problema. Algunas de ellas pueden ser: hablar con tu pareja y cambiar ciertos aspectos de la relación, acudir a terapia de pareja, pedir consejo a tus amigos o amigas, leer libros sobre esta temática etc.

4- PRUEBA LAS DIFERENTES ALTERNATIVAS

Aquí empieza la toma de decisiones. Se trata de un ejercicio de ensayo y error, en el que la calidad de tus alternativas, el tipo de problema que exista y tu actitud ante ese problema, determinarán el futuro de dicha decisión. Del mismo modo, a medida que implantes soluciones tendrás que ir valorando si son efectivas o no.

Si una de las alternativas funciona, problema resuelto. En caso de no surtir efecto, tendrás que probar con la siguiente. En último caso, y si ninguna de ellas es la adecuada, sólo te quedarán dos opciones: crear nuevas alternativas o romper la relación.

Consejo: Implanta las diferentes alternativas de solución y comprueba su efectividad.

5- LA DECISIÓN FINAL

Supongo que llegado este momento sabrás lo que quieres hacer y que decisión tomar. Sólo queda un pequeño detalle: hacerlo. ¿Cómo puede ser que algo que parece tan sencillo y resulte tan complejo al mismo tiempo, verdad? No obstante, ha llegado el momento de hacerlo y aceptar las consecuencias, sean buenas o malas. Has recogido información, has reflexionado sobre la situación, has propuesto soluciones…, pero queda algo: tomar la decisión.

Te diré, que a pesar de lo que pueda parecer, la toma de decisiones no es algo racional, sino que está más bien determinado por las emociones, ya que tal y como postula Damasio (2006), “una decisión tomada sin emoción es altamente probable de estar equivocada”.

ConsejoPiensa en lo que quieres, en lo que realmente te hace feliz, en tu vida, en tus necesidades y toma una decisión en consecuencia. Los daños colaterales son y fueron inevitables desde el mismo momento en el que decidiste empezar tu relación de pareja. El amor, siempre lleva consigo dolor, es una ley de la naturaleza.

 Jorge Fresco

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Se la dueña de tu vida (III y IV). Las caras de la violencia de género.

Yo era una persona sociable y dejé de ser así. Dejé de ser yo para convertirme en lo que él quería, porque realmente lo único que quería yo era no tener problemas con él. Dejé de tener contacto con Raúl, un buen amigo, porque él comenzó por no entender nuestra amistad. Decía que la amistad entre hombres y mujeres no existe, y que era una falta de respeto que yo tuviera esa relación tan cercana con él.

Que ahora tenía pareja y debía respetarlo. Después dejé de tener relación con una de mis mejores amigas, porque “ella era una guarra y una fresca”. Claro, ella era una persona extrovertida. Y bueno, mi familia “estaba en contra de él”. Todo el mundo era malo para mí, excepto él, paradojicamente. Yo estaba enamorada. Creía que sus palabras siempre se dirigirían a mí con buena intención.

caras de la violencia de género

¿Quién va a pensar que aquella persona que te ha elegido para pasar la vida contigo, va a querer el mal para ti? Eso choca contra toda lógica. Así que yo decidí intentar acoplarme a su forma de pensar, para que nuestra relación siguiera adelante. Toda mi atención estaba puesto en ello. Tanto, que me olvidé de mí”.

La violencia psicológica es la parte más sutil de la violencia sexista, la parte que menos se conoce, junto con la violencia sexual, y este es un relato que abarca algunas de las características de la misma. Los medios de comunicación, sobre todo, nos han enseñado la parte más grave, el maltrato físico, pero no es el único. De eso precisamente vamos a hablar hoy: las caras de la violencia de género.

Caras de la violencia de género

Para que una relación de pareja se establezca tiene que fijarse un vínculo emocional. Nadie comienza a apegarse a otro sin que haya un refuerzo positivo previo, sin que haya una “conexión” entre estas dos personas que sea positiva.

Lo que quiero decir, es que nadie se engancharía a otro si desde el principio hubiera un bofetón de por medio, ¿verdad? Por tanto, vamos a partir de la base de que cuando una relación comienza, siempre (o casi siempre) es idílica.

Además, esto forma parte de lo que la literatura describe como la fase de “enamoramiento”. En esta fase el agresor es una persona dulce, cariñosa, amable y casi perfecta.

Es un comercial de sí mismo, el cual va a intentar vender su mejor cara. Su buena cara.

Con el tiempo y siguiendo la dinámica común a todas las parejas, comienzan las discrepancias. En los primeros conflictos, el agresor dejará ver poco a poco esa faceta que tiene escondida, y comienzan los primeros insultos, las primeras humillaciones, los primeros comentarios negativos acerca del entorno de la mujer, los chantajes emocionales, las prohibiciones, el control, etc. Comienza la violencia psicológica. Esto no implica que cualquier discusión que se nos vaya de tono, o que sea más fuerte de lo habitual se convierta en violencia de género.

Somos humanos, y como tales podemos perder los nervios en un momento dado, perder el control de la situación. Pero si esto se convierte en habitual, o detectamos que es una estrategia para controlar las reacciones del otro, debemos de encender la señal de alarma.

Entonces, ¿qué es lo que me está indicando que estoy sufriendo maltrato psicológico?

    1.  Tu independencia se ha acabado: tu vida gira en torno a él. Al inicio de establecer una relación sentimental, es normal que se reduzca el tiempo que pasas con otras personas y que pases la mayor parte del tiempo con tu pareja, ya que en la fase de enamoramiento es normal estar pensando constantemente en ella y que sea lo que más nos apetece hacer. Eso es una cosa, y otra que a nosotras nos apetezca compartir nuestro tiempo con otras personas, y esto cree un conflicto en la pareja. Alarma roja, chicas.
    2. Los celos. ¡Ay, los celos! En este apartado podríamos redactar otro capítulo entero, pero intentaré resumirlo. Todos hemos sentido celos alguna vez, pero siempre hay un límite. Si no puedes saludar a un amigo del colegio porque acaba convirtiéndose en el pitote del año, algo falla.
    3. Todo el mundo tiene pegas. Evidentemente, no todo el mundo nos tiene que gustar. A lo mejor no te cae
      especialmente bien su amiga de la oficina, o la vecina del tercero. Pero, cuando tu amiga es una fresca, la otra una guarra, tu madre te pone en contra suya…. Pregúntate quién es bueno para ti.
    4. Te critica constantemente con la excusa de “ayudarte a no hacer el ridículo”, “porque es sincero”, “porque quiere ayudarte a mejorar”… y además, con esto intenta cambiarte. Tú eres tú, con tus virtudes y tus defectos.
    5. Resuelve los conflictos con hostilidad e intimidación. Y claro, acaba intimidándote.women
    6. Invade el espacio y la privacidad de la mujer. Este es un aspecto importante, sobre todo por la invasión de las nuevas tecnologías en nuestro día a día. Ejercer un control sobre tus espacios privados, ya sea en las redes sociales, en las aplicaciones de teléfono móvil… Es como establecer un control en una conversación cara a cara. ¿Verdad que no sería muy lógico que nuestra pareja tuviera que estar presente en todas las conversaciones con otra persona sólo por el simple hecho de que “si no, es que estamos escondiendo algo”? Lo mismo pasa con las conversaciones por cualquier otra vía.
    7. Presiona y/ o amenaza para conseguir lo que quiere: “Si no me dices lo que has estado hablando con Juanito es porque me ocultas algo; si no me enseñas el Whastapp te dejo”; “si no estás cuando llegue a casa, verás”. Cualquier tipo de amenaza, por muy leve que sea, no es la estrategia más sana para resolver un conflicto, ¿no crees?
    8. culpa siempre es de los demás o tuya.

Tiene dobles estándares: él puede hacer cosas que ve mal que tú hagas.

  • Controla lo que haces constantemente, aunque sea de manera sutil. Por ejemplo, con un mensaje de buenos días “obligado” cuando te levantas, mientras sales de fiesta con tus amistades, cuando llegas de trabajar, cuando vas a tomar un café con una amiga…
  • Insulta y te desprecia: “es que no sabes hacer nada”, “no vales para nada”, “eres una inútil”, y por supuesto adjetivos descalificativos más graves.

 

Como he dicho al principio, detectar la violencia psicológica es una tarea dura, ya que el ser conscientes de esto choca frontalmente con nuestra idea inicial de que nuestra pareja es lo mejor que nos ha pasado, lo que más queremos. Además, explicaremos en el próximo capítulo por qué la violencia de género se mantiene pero te adelanto que no cambiará.

Puedes escuchar a Sandra también en estos dos podcasts:

Tu mejor virtud es tu libertad de elegir. Sé dueña de tu vida.

Si estás ante un caso de violencia de género, no lo dudes: llama al 016.

Yo creía que iba a cambiar. Eso era lo que él me prometía siempre cuando me pedía perdón. Me decía que “se le habían cruzado los cables”, que “sólo yo conseguía sacarle de quicio”, pero que estaba arrepentido. Y me prometía una y otra vez que  no volvería a pasar, y claro, yo le creía. ¿Cómo no le voy a creer, si esto antes no pasaba? Pensé que habían sido varias situaciones puntuales y que se acabaría. Pero nunca acabó.

Es más, cada vez fue peor. Se convirtió en alguien que yo no conocía. Y yo, finalmente… también dejé de conocerme a mí misma, ¡porque permitía que me llamara hija de puta y ya no pasaba nada! Era lo más suave que me decía cuando se enfadaba.

Luego empezó a lanzar mi móvil y romperlo, después a pegar a las puertas, a perseguirme cuando yo ya no quería seguir discutiendo, a buscarme al trabajo,  y ya… Un día me cogió del pelo. No me hizo nada más. Pero… ¿cuándo empecé a cambiar yo para permitir esto?”.

Muchas mujeres víctimas de la violencia de género llegan a consulta con un sentimiento de rabia hacia ellas mismas. De culpabilidad por “no haberse dado cuenta”, “por haberse dado cuenta tarde”. Y es una pregunta que no sólo ellas se hacen. La sociedad también se pregunta por qué. Por qué alguien “permite” que le agredan y encima continúa viviendo al lado de esa persona.

La violencia de género sigue un ciclo llamado CICLO DE LA VIOLENCIA que desgraciadamente se cumple en todos los casos.

sandra herreros psicologa

Vamos a comenzar por una situación de aparente calma. Es el momento en el que no existen conflictos, que más o menos la relación se lleva con normalidad. Esta situación puede durar horas o días, depende de lo que se haya fijado ya esta dinámica entre la pareja.

Es el momento en el que la mujer interioriza o intenta autoconvencerse de que la agresividad ha pasado, el periodo en el que el agresor intenta demostrar (por poco tiempo) que esas promesas de cambio se pueden mantener, y es precisamente el momento que supone un refuerzo para la mujer. En esta etapa la mujer se siente feliz, “comprobando” que el agresor es como ella lo conoce: cariñoso, amable, detallista

De repente, pequeños cambios empiezan a dilucidar que esta calma está en riesgo. Aparecen pequeños roces que comienzan a sumar tensión. Suelen ser cosas sin importancia, como que el hombre haya llegado a casa y no haya encontrado puesta la comida en la mesa, que el niño haga ruido y él tenga que descansar, o en los casos de adolescentes podría ser que él le hablara y ella no le contestara al estar distraída con el móvil, por ejemplo. Estos pequeños conflictos van acumulando TENSIÓN.

La siguiente fase es la de EXPLOSIÓN. Como su nombre indica, en esta etapa se rompe con esa aparente calma y se produce una agresión, dándose lo que se conoce como LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA. Al principio de la relación se darán agresiones más leves, como pueden ser las agresiones psicológicas (“esto se va a acabar, estoy harto de que no me prestes atención. Si me quisieras, estarías escuchando lo que te digo”), después las verbales (“eres una guarra”), llegando a convertirse en agresiones físicas (ya sea un empujón, un zarandeo, un puñetazo o una paliza) y como comentamos, intentos de homicidio o la muerte violenta.

¿Qué conducta creéis que adoptará el agresor si quiere conservar a la mujer a su lado? ¿Creéis que una relación se mantendría si todo lo que encontráramos en ella fuera negativo?

Para que en una relación se produzca un enganche, primero tiene que haber una etapa POSITIVA, en la que todo sea bonito. Al producirse un cambio tan radical como es una agresión, sea del tipo que sea, este acontecimiento choca frontalmente con esa idea de perfección de la pareja, por lo que la mujer siempre va a plantearse dudas, y va a intentar justificar dicha conducta.

Por ejemplo: en la primera fase de la relación suele incrementarse la violencia psicológica. Cuando esto pasa, la mujer lo justifica con “se ha puesto muy nervioso”, “hemos perdido los nervios”. A esto tenemos que sumar el arrepentimiento por parte del agresor. Chicas, SIEMPRE va a tener un momento de arrepentimiento. De pedir perdón. De llorar. De prometer que no va a volver a pasar. De pedir segundas oportunidades.

Pero, ¡OJO! Perdonar esto es lo que permite que se vuelva a repetir el ciclo. Si se perdona una vez tras otra, el agresor va a percibir que, haga lo que haga, nunca va a haber una consecuencia negativa. Por lo tanto, es lógico  que esta conducta se repita y lo que es peor, se agrave.

Escalada violencia

Conforme pasa el tiempo, el ciclo se va repitiendo más rápidamente. Las fases se hacen cada vez más cortas, y se va produciendo lo que se conoce como indefensión aprendida: esta teoría de la indefensión aprendida la formuló Seligman en 1975.  La indefensión es el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando percibimos que los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos.

Cuando hagamos lo que hagamos siempre sucede lo mismo. Leonore Walker, partiendo de los experimentos de Seligman, inauguró una línea de investigación todavía vigente y que se puede resumir en que: la repetición del ciclo de la violencia lleva a provocar una respuesta pasiva por parte de la mujer ya que, haga lo que haga, no va a cambiar nada. Así, deja de buscar soluciones a los problemas y llega a sentir esa sensación de “no sé cómo salir de aquí”.

¿Quieres saber aún más? En este podcast tratamos a fondo el tema del divorcio, como una salida adecuada.

Por todo esto es tan importante que lleguemos a conocer cuál es la punta del iceberg de la violencia de género (lo que explicábamos en los artículos anteriores): para saber cuándo poner fin.

SÉ LA DUEÑA DE TU VIDA.

Sandra Herreros. Psique Positiva.

Sé la dueña de tu vida (II) ¡Se avista un iceberg!

No hace falta haber visto en vivo y en directo un iceberg para saber que engaña. Que puede ser inofensivo a la vista, pero puede que debajo de él se escondan toneladas de hielo.

Esto es lo que pasa con la violencia de género: lo que conocemos de ella, o lo que es observable en nuestra sociedad, es lo que se transmite en los medios de comunicación, las estadísticas, las muertes.. Pero detrás de estos datos, existe un sinfín de aspectos que están en la base de dicha clase de violencia, como explicamos en el artículo anterior.

sé la dueña de tu vida

Desgraciadamente, seguro que tod@s hemos tenido alguna vez una conversación sobre por qué pasa esto, por qué una mujer permite que la agredan y aún así sigue manteniendo la relación con su pareja. Para empezar, me gustaría aclarar varios mitos sobre la violencia de género. ¿Empezamos?

Mito 1. “La mujer golpeada no cambia su situación porque le gusta. Las mujeres agredidas son masoquistas”.

Aunque parezca mentira, existen mil y una razones por las que una mujer se ve inmiscuída en un círculo vicioso del cual es complicadísimo salir. En términos genéricos, las mujeres viven durante el inicio de la relación de pareja “un cuento de hadas”, una relación idílica, que contrasta brutalmente con el inicio del maltrato.

Este choque frontal es de tal magnitud que la mujer necesita buscar la esperanza de que “todo volverá a ser como antes”, situándose entre dos realidades que no tienen punto en común.

Esta idea de cambio viene reforzada por la conducta ambivalente del agresor, lo cual hace que la mujer siga manteniendo la relación a pesar de la parte negativa que le aporta. (Se explicará más detalladamente en adelante).

Mito 2. “Si aguanta, él cambiará”.

La violencia es reiterativa y va en aumento. Si no se detiene, pasa del grito a los golpes y puede llegar hasta la muerte en los casos más extremos.

Mito 3. “El que abusa de una mujer tienen problemas mentales, es un loco”.

Varios estudios muestran que menos de un 10% de los casos de violencia son ocasionados por trastornos mentales del agresor.

Mito 4. “La mayoría de los maltratadores son alcohólicos o drogadictos”.

Tomar alcohol o drogas puede facilitar y servir de pretexto para hacer uso de las conductas violentas, pero no es la causa. Muchos alcohólicos o drogadictos, no agreden a sus compañeras y muchos de los que agreden no consumen alcohol ni toman drogas.

Mito 5. “Las mujeres agredidas carecen de educación”.

Las estadísticas demuestran que la agresión no impone límites ni barreras, se presenta en todos los niveles académicos, sean abogadas, doctoras, amas de casa, ingenieras y otras

Mito 6. “El agresor no es un compañero cariñoso”.

¡Al contrario, chic@s! el agresor es una persona que se muestra cariñoso y agradable con todo el mundo, incluso con su pareja. Este cariño, como hemos comentado anteriormente, choca con la conducta hostil, por eso la víctima “entiende” que la conducta hostil es la que no es propia del agresor, y necesita justificarla constantemente.

Mito 7. “Algún conato de violencia es natural en la pareja”.

No es natural que exista agresión en la relación de pareja. El amor, el respeto mutuo y la equidad sí son actitudes que corresponden a una relación de igualdad.

Mito 8. “Si me fuerza a tener relaciones sexuales, no me está maltratando. Yo tengo que cumplir como esposa”.

El maltrato sexual es una tipología dentro de la violencia en la pareja. Recuerda: tú eres la dueña de tu vida. Tú eliges si quieres mantener relaciones sexuales o no, aunque sea tu marido. Nadie tiene que forzarte a hacer nada que tú no quieras, en ningún aspecto de tu vida. Tienes derecho a estar cansada, a estar preocupada por otras cosas, etc.

A modo de resumen:

– La violencia de género no es agradable para nadie, y mucho menos para las víctimas, las cuales sufren día a día y normalmente en silencio.

– Los agresores no sufren ningún trastorno psicológico, generalmente, ni su conducta violenta viene provocada por el consumo de alcohol y drogas (sí facilitada).

– La violencia no es justificable ante ninguna situación: todos tenemos la capacidad de elegir cualquier otra conducta antes que la de agredir a otro, sea lo que sea de lo que hablemos.

– Una mujer agredida no es típicamente una mujer en situación de exclusión social, o de nivel cultural bajo.

– El forzarte a mantener relaciones sexuales cuando tú no quieres o el obligarte a realizar ciertas prácticas en las que no estás de acuerdo, también es violencia.

SE LA DUEÑA DE TU VIDA.

Para más información puedes ponerte en contacto conmigo a través de sherreros@psiquepsicologos.es. Si estás ante un caso de violencia de género, no lo dudes: llama al 016.

Sandra Herreros es psicóloga, directora de Psique Positiva.

Y si aún quieres saber más, puedes escuchar a Sandra en este podcast:

 

Se la dueña de tu vida (I). Introducción a la violencia de género.

sandraherreros-14Empezamos una serie de artículos a cargo de Sandra Herreros, psicóloga especialista en este ámbito, directora de Psique Positiva centro de Psicología en Castellón,  que formó parte también de Psicología en Positivo. Sandra, además de una persona optimista, cercana y perseverante, es una excelente profesional con la que vamos a reflexionar sobre este tema tan importante:

Durante muchísimos años, las mujeres hemos sufrido las consecuencias de una sociedad restrictiva y machista, jerárquica en beneficio para el hombre en nuestro país. No es a modo de consuelo, pero cierto es que esta ideología sociocultural abunda por todo el mundo.

Centrándonos en la sociedad española, es cierto que hemos ido avanzando, eliminando muchos tipos de discriminación sexista, pero hoy en día todavía seguimos sufriendo algunas de dichas consecuencias, como es la violencia de género.

Introducción a la violencia de género

En el siguiente artículo me gustaría introducir este concepto, el cual iremos profundizando a lo largo de varios artículos con el fin de proporcionar estrategias a nuestras lectoras para la identificación de esta lacra, y proporcionar algunos recursos psicológicos que puedan ser útiles para combatirla.

No hace falta que nos vayamos muy lejos para poner un ejemplo de lo que he denominado sociedad restrictiva, machista y jerárquica en beneficio para el hombre.  Hasta 1975, el Código civil español equiparaba la mujer casada a los niños, a los locos o dementes y a los sordomudos que no supieran leer ni escribir, por lo que se la prohibía contratar (art. 1263).

Como muchas veces ha contado María Telo, que tanto luchó por eliminar de nuestro Código tan ofensivas discriminaciones, la mujer tenía la obligación legalmente impuesta de obedecer al marido. El artículo 57 del Código civil dice textualmente: «El marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido.» El Preámbulo de la ley 24 de abril de 1958 lo explica de esta manera: “existe una potestad de dirección, que la naturaleza, la Religión y la Historia atribuyen al marido, dentro de un régimen en el que se recoge fielmente la tradición católica que ha inspirado siempre y debe inspirar en lo sucesivo las relaciones entre los cónyuges”.

Afortunadamente, hoy en día esto nos parece un disparate a la mayoría (tomado de José Antonio Marina y María de la Válgoma. La lucha por la dignidad (capítulo 7, “La lucha por la igualdad de la mujer”, p. 130 a 132). Anagrama. Barcelona, 2000).

Roles de género

Aunque estos antecedentes carezcan a simple vista de importancia, están en la base del concepto actual de violencia de género: la asunción de los roles de género y  los estereotipos de género, es decir, lo que se supone que es un comportamiento socialmente apropiado para un hombre y/ o una mujer, y las ideas simplificadas que asumimos caracterizan a cada uno de ellos.

Estas ideas son las que nos llevan a entender que cada persona, dependiendo de su género (femenino o masculino) tiene “prohibidos” ciertos comportamientos. Es un buen ejemplo el artículo del Código civil anteriormente mencionado, donde se asumía el rol de la mujer como sumisa a las decisiones del hombre.

Por supuesto, estas ideas van cambiando con la sociedad y la cultura, la educación generación tras generación y diversos factores asociados. ¿Qué es lo que estamos queriendo decir? QUE LA VIOLENCIA SEXISTA SE TRANSMITE. Cada uno de nosotros podemos aportar nuestro granito de arena, a través de la educación a nuestros hijos:

–         Practica con ellos juegos no sexistas: la idea de que las niñas deben llevar el color de rosa y jugar a las muñecas, ya nos está indicando una prohibición o asunción de un estereotipo. ¿Por qué no jugar a ser bomberas? ¿Por qué no jugar con coches? Empecemos por ahí.

 introducción a la violencia de género

–         Eduquemos en emociones de forma igualitaria: los hombres también lloran.

–         Si tienes en casa una hija y un hijo, no les trates de forma diferente sólo por el mero hecho de serlo: reparte las tareas de forma igualitaria y marca las mismas reglas de convivencia.

En próximos artículos seguiremos hablando de la educación en igualdad y de temas como la dependencia emocional, ¡hasta pronto!