Se la dueña de tu vida (III y IV). Las caras de la violencia de género.

Yo era una persona sociable y dejé de ser así. Dejé de ser yo para convertirme en lo que él quería, porque realmente lo único que quería yo era no tener problemas con él. Dejé de tener contacto con Raúl, un buen amigo, porque él comenzó por no entender nuestra amistad. Decía que la amistad entre hombres y mujeres no existe, y que era una falta de respeto que yo tuviera esa relación tan cercana con él.

Que ahora tenía pareja y debía respetarlo. Después dejé de tener relación con una de mis mejores amigas, porque “ella era una guarra y una fresca”. Claro, ella era una persona extrovertida. Y bueno, mi familia “estaba en contra de él”. Todo el mundo era malo para mí, excepto él, paradojicamente. Yo estaba enamorada. Creía que sus palabras siempre se dirigirían a mí con buena intención.

caras de la violencia de género

¿Quién va a pensar que aquella persona que te ha elegido para pasar la vida contigo, va a querer el mal para ti? Eso choca contra toda lógica. Así que yo decidí intentar acoplarme a su forma de pensar, para que nuestra relación siguiera adelante. Toda mi atención estaba puesto en ello. Tanto, que me olvidé de mí”.

La violencia psicológica es la parte más sutil de la violencia sexista, la parte que menos se conoce, junto con la violencia sexual, y este es un relato que abarca algunas de las características de la misma. Los medios de comunicación, sobre todo, nos han enseñado la parte más grave, el maltrato físico, pero no es el único. De eso precisamente vamos a hablar hoy: las caras de la violencia de género.

Caras de la violencia de género

Para que una relación de pareja se establezca tiene que fijarse un vínculo emocional. Nadie comienza a apegarse a otro sin que haya un refuerzo positivo previo, sin que haya una “conexión” entre estas dos personas que sea positiva.

Lo que quiero decir, es que nadie se engancharía a otro si desde el principio hubiera un bofetón de por medio, ¿verdad? Por tanto, vamos a partir de la base de que cuando una relación comienza, siempre (o casi siempre) es idílica.

Además, esto forma parte de lo que la literatura describe como la fase de “enamoramiento”. En esta fase el agresor es una persona dulce, cariñosa, amable y casi perfecta.

Es un comercial de sí mismo, el cual va a intentar vender su mejor cara. Su buena cara.

Con el tiempo y siguiendo la dinámica común a todas las parejas, comienzan las discrepancias. En los primeros conflictos, el agresor dejará ver poco a poco esa faceta que tiene escondida, y comienzan los primeros insultos, las primeras humillaciones, los primeros comentarios negativos acerca del entorno de la mujer, los chantajes emocionales, las prohibiciones, el control, etc. Comienza la violencia psicológica. Esto no implica que cualquier discusión que se nos vaya de tono, o que sea más fuerte de lo habitual se convierta en violencia de género.

Somos humanos, y como tales podemos perder los nervios en un momento dado, perder el control de la situación. Pero si esto se convierte en habitual, o detectamos que es una estrategia para controlar las reacciones del otro, debemos de encender la señal de alarma.

Entonces, ¿qué es lo que me está indicando que estoy sufriendo maltrato psicológico?

    1.  Tu independencia se ha acabado: tu vida gira en torno a él. Al inicio de establecer una relación sentimental, es normal que se reduzca el tiempo que pasas con otras personas y que pases la mayor parte del tiempo con tu pareja, ya que en la fase de enamoramiento es normal estar pensando constantemente en ella y que sea lo que más nos apetece hacer. Eso es una cosa, y otra que a nosotras nos apetezca compartir nuestro tiempo con otras personas, y esto cree un conflicto en la pareja. Alarma roja, chicas.
    2. Los celos. ¡Ay, los celos! En este apartado podríamos redactar otro capítulo entero, pero intentaré resumirlo. Todos hemos sentido celos alguna vez, pero siempre hay un límite. Si no puedes saludar a un amigo del colegio porque acaba convirtiéndose en el pitote del año, algo falla.
    3. Todo el mundo tiene pegas. Evidentemente, no todo el mundo nos tiene que gustar. A lo mejor no te cae
      especialmente bien su amiga de la oficina, o la vecina del tercero. Pero, cuando tu amiga es una fresca, la otra una guarra, tu madre te pone en contra suya…. Pregúntate quién es bueno para ti.
    4. Te critica constantemente con la excusa de “ayudarte a no hacer el ridículo”, “porque es sincero”, “porque quiere ayudarte a mejorar”… y además, con esto intenta cambiarte. Tú eres tú, con tus virtudes y tus defectos.
    5. Resuelve los conflictos con hostilidad e intimidación. Y claro, acaba intimidándote.women
    6. Invade el espacio y la privacidad de la mujer. Este es un aspecto importante, sobre todo por la invasión de las nuevas tecnologías en nuestro día a día. Ejercer un control sobre tus espacios privados, ya sea en las redes sociales, en las aplicaciones de teléfono móvil… Es como establecer un control en una conversación cara a cara. ¿Verdad que no sería muy lógico que nuestra pareja tuviera que estar presente en todas las conversaciones con otra persona sólo por el simple hecho de que “si no, es que estamos escondiendo algo”? Lo mismo pasa con las conversaciones por cualquier otra vía.
    7. Presiona y/ o amenaza para conseguir lo que quiere: “Si no me dices lo que has estado hablando con Juanito es porque me ocultas algo; si no me enseñas el Whastapp te dejo”; “si no estás cuando llegue a casa, verás”. Cualquier tipo de amenaza, por muy leve que sea, no es la estrategia más sana para resolver un conflicto, ¿no crees?
    8. culpa siempre es de los demás o tuya.

Tiene dobles estándares: él puede hacer cosas que ve mal que tú hagas.

  • Controla lo que haces constantemente, aunque sea de manera sutil. Por ejemplo, con un mensaje de buenos días “obligado” cuando te levantas, mientras sales de fiesta con tus amistades, cuando llegas de trabajar, cuando vas a tomar un café con una amiga…
  • Insulta y te desprecia: “es que no sabes hacer nada”, “no vales para nada”, “eres una inútil”, y por supuesto adjetivos descalificativos más graves.

 

Como he dicho al principio, detectar la violencia psicológica es una tarea dura, ya que el ser conscientes de esto choca frontalmente con nuestra idea inicial de que nuestra pareja es lo mejor que nos ha pasado, lo que más queremos. Además, explicaremos en el próximo capítulo por qué la violencia de género se mantiene pero te adelanto que no cambiará.

Tu mejor virtud es tu libertad de elegir. Sé dueña de tu vida.

Si estás ante un caso de violencia de género, no lo dudes: llama al 016.

Yo creía que iba a cambiar. Eso era lo que él me prometía siempre cuando me pedía perdón. Me decía que “se le habían cruzado los cables”, que “sólo yo conseguía sacarle de quicio”, pero que estaba arrepentido. Y me prometía una y otra vez que  no volvería a pasar, y claro, yo le creía. ¿Cómo no le voy a creer, si esto antes no pasaba? Pensé que habían sido varias situaciones puntuales y que se acabaría. Pero nunca acabó.

Es más, cada vez fue peor. Se convirtió en alguien que yo no conocía. Y yo, finalmente… también dejé de conocerme a mí misma, ¡porque permitía que me llamara hija de puta y ya no pasaba nada! Era lo más suave que me decía cuando se enfadaba.

Luego empezó a lanzar mi móvil y romperlo, después a pegar a las puertas, a perseguirme cuando yo ya no quería seguir discutiendo, a buscarme al trabajo,  y ya… Un día me cogió del pelo. No me hizo nada más. Pero… ¿cuándo empecé a cambiar yo para permitir esto?”.

Muchas mujeres víctimas de la violencia de género llegan a consulta con un sentimiento de rabia hacia ellas mismas. De culpabilidad por “no haberse dado cuenta”, “por haberse dado cuenta tarde”. Y es una pregunta que no sólo ellas se hacen. La sociedad también se pregunta por qué. Por qué alguien “permite” que le agredan y encima continúa viviendo al lado de esa persona.

La violencia de género sigue un ciclo llamado CICLO DE LA VIOLENCIA que desgraciadamente se cumple en todos los casos.

sandra herreros psicologa

Vamos a comenzar por una situación de aparente calma. Es el momento en el que no existen conflictos, que más o menos la relación se lleva con normalidad. Esta situación puede durar horas o días, depende de lo que se haya fijado ya esta dinámica entre la pareja.

Es el momento en el que la mujer interioriza o intenta autoconvencerse de que la agresividad ha pasado, el periodo en el que el agresor intenta demostrar (por poco tiempo) que esas promesas de cambio se pueden mantener, y es precisamente el momento que supone un refuerzo para la mujer. En esta etapa la mujer se siente feliz, “comprobando” que el agresor es como ella lo conoce: cariñoso, amable, detallista

De repente, pequeños cambios empiezan a dilucidar que esta calma está en riesgo. Aparecen pequeños roces que comienzan a sumar tensión. Suelen ser cosas sin importancia, como que el hombre haya llegado a casa y no haya encontrado puesta la comida en la mesa, que el niño haga ruido y él tenga que descansar, o en los casos de adolescentes podría ser que él le hablara y ella no le contestara al estar distraída con el móvil, por ejemplo. Estos pequeños conflictos van acumulando TENSIÓN.

La siguiente fase es la de EXPLOSIÓN. Como su nombre indica, en esta etapa se rompe con esa aparente calma y se produce una agresión, dándose lo que se conoce como LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA. Al principio de la relación se darán agresiones más leves, como pueden ser las agresiones psicológicas (“esto se va a acabar, estoy harto de que no me prestes atención. Si me quisieras, estarías escuchando lo que te digo”), después las verbales (“eres una guarra”), llegando a convertirse en agresiones físicas (ya sea un empujón, un zarandeo, un puñetazo o una paliza) y como comentamos, intentos de homicidio o la muerte violenta.

¿Qué conducta creéis que adoptará el agresor si quiere conservar a la mujer a su lado? ¿Creéis que una relación se mantendría si todo lo que encontráramos en ella fuera negativo?

Para que en una relación se produzca un enganche, primero tiene que haber una etapa POSITIVA, en la que todo sea bonito. Al producirse un cambio tan radical como es una agresión, sea del tipo que sea, este acontecimiento choca frontalmente con esa idea de perfección de la pareja, por lo que la mujer siempre va a plantearse dudas, y va a intentar justificar dicha conducta.

Por ejemplo: en la primera fase de la relación suele incrementarse la violencia psicológica. Cuando esto pasa, la mujer lo justifica con “se ha puesto muy nervioso”, “hemos perdido los nervios”. A esto tenemos que sumar el arrepentimiento por parte del agresor. Chicas, SIEMPRE va a tener un momento de arrepentimiento. De pedir perdón. De llorar. De prometer que no va a volver a pasar. De pedir segundas oportunidades.

Pero, ¡OJO! Perdonar esto es lo que permite que se vuelva a repetir el ciclo. Si se perdona una vez tras otra, el agresor va a percibir que, haga lo que haga, nunca va a haber una consecuencia negativa. Por lo tanto, es lógico  que esta conducta se repita y lo que es peor, se agrave.

Escalada violencia

Conforme pasa el tiempo, el ciclo se va repitiendo más rápidamente. Las fases se hacen cada vez más cortas, y se va produciendo lo que se conoce como indefensión aprendida: esta teoría de la indefensión aprendida la formuló Seligman en 1975.  La indefensión es el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando percibimos que los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlos.

Cuando hagamos lo que hagamos siempre sucede lo mismo. Leonore Walker, partiendo de los experimentos de Seligman, inauguró una línea de investigación todavía vigente y que se puede resumir en que: la repetición del ciclo de la violencia lleva a provocar una respuesta pasiva por parte de la mujer ya que, haga lo que haga, no va a cambiar nada. Así, deja de buscar soluciones a los problemas y llega a sentir esa sensación de “no sé cómo salir de aquí”.

Por todo esto es tan importante que lleguemos a conocer cuál es la punta del iceberg de la violencia de género (lo que explicábamos en los artículos anteriores): para saber cuándo poner fin.

SÉ LA DUEÑA DE TU VIDA.

Sandra Herreros. Psique Positiva.

Antoni Martinez
Psicólogo y psicoterapeuta apasionado por la Psicología Positiva. En Valencia y activo online. Me encanta el proceso de enseñar y aprender en cada taller que imparto y de cada persona que conozco. Conoce mucho más Sobre mi
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3 comentarios
  1. Mireia
    Mireia Dice:

    Uf, muy identificada con el contenido del artículo. Sobre todo en el punto 7, eso de presionar y a veces hasta amenzara para conseguir las cosas. Creo que ya no me volvera a pasar pero… ¿Como se puede saber si una esta ya del todo vacunada? Creo que si volviera a ver algo parecido me daria miedo y quizas me bloqueara….

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  2. Sandra
    Sandra Dice:

    Hola Mireia!
    Después de haber sufrido una relación insana es difícil saber cómo vamos a reaccionar ante situaciones parecidas o simplemente ante una nueva relación. Además, cada persona es un mundo, y no todos reaccionamos de la misma manera después de haber sufrido una situación traumática.
    Sólo con tu comentario no puedo deducir el grado de sufrimiento que esta relación te produjo o cómo de dañina fue, pero puedes hacer un ejercicio: échate tu ojo a ti misma. Date cuenta si evitas pensar en lo que viviste, si al recordarlo todavía te hace daño, si lo revives con ansiedad o si todavía vienen recuerdos negativos sobre esas situaciones “feas” que viviste.
    Estos puntos pueden indicarte si estás “vacunada” o no.
    No te exijas demasiado. Estas cosas necesitan su tiempo.
    Un abrazo.

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  3. Angela Quiroz
    Angela Quiroz Dice:

    Yo opino que si las mujeres pedimos tanto que nos respeten tenemos que empezar por respetarnos a nosotras mismas. Si una mujer deja que su pareja la agreda o la insulte, que deje que la traten como su juguete, si deja que la alejen del mundo solo por complacerlo a el por miedo a ser independiente y quedarse sola o si quizá tenga hijos de por miedo y no se separe por darle un ejemplo a su hijo de una buena relación de sus padres, toda su vida vivirá con miedo de hacer todo perfecto para complacerlo a el. pero es solo una opción que la mujer toma ya que cada persona es independiente y no es una obligación darle gusto a los demás y olvidarnos de nosotras… así que es muy importante recordar que si queremos ser respetadas tenemos que darnos cuenta que hay que ser fuertes y dejar ir muchas cosas que quizás creemos son muy importantes en nuestra vida pero que en realidad nos hará bien dejarlas y empezar otro camino lleno de alegrías y logros y lo mas importante hecho por nosotras mismas.

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