¿Cómo ayudar todo lo que podamos a quien ha recurrido a nosotros? Esta es la idea básica que debe estar en nuestra mente como terapeutas. Y en este artículo vamos a ver las bases para que así sea, con el fin de maximizar la efectividad de los ejercicios terapeuticos en psicología.

Al igual que un médico tiene medicinas o protocolos terapéuticos o un carpintero madera, martillos y lijas, los profesionales de la terapia tenemos modelos, técnicas y tareas o ejercicios. Es por esto que es fundamental potenciar la eficacia de estas últimas, para que por ejemplo utilizando herramientas de la Psicología Positiva les saques todo el jugo y aprovechamiento.

Vamos a por estos consejos prácticos.

Un proceso es una suma de elementos

Cuando trabajamos en consulta o con un grupo, hay un planteamiento de lo que vamos a hacer, sabiendo que ha traído a quien tenemos delante con nosotros. Partimos de nuestros conocimientos y propondremos también tareas concretas para poder avanzar en el proceso.

Esta es precisamente la idea fuerza básica, la de proceso. Las tareas no pueden ser el centro de ese proceso.

Los avances se construyen en la conversación y utilizando nuestras habilidades terapéuticas. Así, el papel de los ejercicios concretos es muy importante, pero las sesiones no pueden ir encaminadas solo a explicarlos y luego comprobar si se han hecho.

Los ejercicios que mandemos debemos de adaptarlos siempre

En ocasiones en el pasado me encontré explicando exactamente una técnica tal cual un autor describía, o un manual de terapia.

A veces funcionó tal cual. Otras tantas, tuve que hacer una adaptación al caso, circunstancias y momento.

Cuanto más adaptes las tareas a cada familia en particular, más las harán.

Y de esto parte una enseñanza básica. ¿Cuál es la expectativa de la persona respecto a su proceso? Y no refiero a sentirse mejor, comunicarse de forma más eficaz o hacer fluir la relación con su pareja.

Es decir, ¿prefiere escuchar o hablar?

¿Quiere tener un rol activo – por ejemplo hacer las tareas- o centrarse en el trabajo en las sesiones?

¿Quiere pautas concretas o reflexiones por nuestro lado?

Si hay una buena alianza terapéutica, otro término clave aquí, será mucho más fácil el poder proponer ejercicios terapéuticos en psicología, tras entender cual es el estilo de la persona, y aumentar el valor y eficacia de estos.


Con una alianza terapeutica sólida, también estaremos aumentando la probabilidad de éxito de las tareas


El momento de proponer el ejercicio

¿Te imaginas acudir a una consulta y lo primero recibir la propuesta de hacer un ejercicio? Esto no tendría sentido; si la planteamos demasiado pronto, no encajaría y desconcertaría a la persona.

Además, luego podría ser posible que la persona esté menos dispuesta a hacer sucesivas propuestas que le hagamos. Que el mantenernos fieles al protocolo o a nuestra línea de terapia no acabe arruinando la misma 😉

Igualmente, podemos crear fácilmente especialmente si somos de proponer “deberes para casa”, el hacer que la estructura de nuestras intervenciones lo facilite.

Hay muchas opciones disponibles, y si acertamos con el momento, estaremos poniendo enormemente fácil a que el proceso fluya.

tareas psicologicas

Hagamos que todas las piezas ensamblen en el proceso 😉

Proponer el ejercicio de forma 100% comprensible

Pensemos en esto. En ocasiones habremos “sembrado” el plantear una tarea o ejercicio. Poca explicación hará falta.

Sin embargo en otras, especialmente si la tarea es más compleja, la persona no está acostumbrada a ese tipo de ejercicio, la explicación deberá ser mayor.

De alguna forma, habremos de ponerla bonita y fácil de entender. Otra cosa es que seamos meridianamente claros en que hay tareas que conllevan un mayor esfuerzo, o tiempo de dedicación.

Y otra idea clave aquí. La persona quiere estar mejor. Las resistencias forman parte del proceso, pero teniendo en cuenta lo anterior, en este proceso de convertirnos en mejores psicoterapeutas, estaremos haciéndolo cada vez mejor.

El contexto de la persona

Vamos a aumentar la eficacia de todo ejercicio teniendo en cuenta el entorno de la persona. Sus apoyos, tiempo que puede dedicar y espacio y condiciones para hacerlo.

Pensemos en las tareas que ponemos en familias con hijos, en parejas, en personas muy ocupadas o en aquellas que tienen dificultades, por el motivo que sea, para pasar un rato largo concentradas.

En ocasiones. así es el contexto de partida, y hay que tenerlo en cuenta

Dar feedback y reforzar

Repasemos: si hemos tenido en cuenta el contexto, en el tiempo adecuado y de una forma clara, hemos sembrado los ingredientes para que el ejercicio adecuado tenga éxito y se haga bien.

Peeero… no todo acaba ahí. De hecho, es cuando empieza lo bueno. Hemos de dar feedback sí o sí, y además reforzar la ejecución del ejercicio.

Por ello en nuestro cuaderno – ficha de cliente o el soporte de registro que tengamos, es siempre interesante anotar los ejercicios que mandamos, además de notas sobre la sesión o taller.

¿Y que sucede si no se han hecho? Pues busquemos la información que necesitamos, preguntemos porqué no sin enfados. Esto parece de sentido común decirlo, pero recordemos que una vez más el proceso no va sobre nosotros y nuestro estado de ánimo, si no de quien tenemos delante.

Da un paso más

Espero que este artículo te haya sido de utilidad. Te animo a comentarlo en nuestro grupo de facebook para profesionales (y estudiantes) de psicología y terapias.

Y que si quieres aplicar todos estos conocimientos con herramientas concretas, conozcas las más de 100 fichas que tenemos en Aprende Psicología Positiva, donde no me cabe la menor duda de que multiplicarás tu eficacia terapeutica 😉