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Comunicación en la pareja

Hace poco en la consulta, en mi programa terapéutico donde  trabajo con la persona un mes entero intensamente, mi consultante planteaba un problema común. No poder desarrollar una adecuada comunicación con su pareja de hace siete años. Esperando un bebé, en este importante momento parecía que la comunicación entre ellos había cambiado y si había cortado.

Eso pasa también en parejas que llevan poco tiempo. Todos tenemos un estilo de comunicación. Si ambos estilos, el mío y el de mi pareja chocan, podemos y debemos  mejorarlos.

Una sana comunicación en la pareja es fundamental para una relación feliz. Ya conoces la teoría; en este artículo nos vamos a centrar en la práctica  para que mejores tu comunicación en pareja.

RECOMENDACIONES  Y  EJERCICIOS  PARA  LA  COMUNICACIÓN  EN LA PAREJA

Vamos a pasar a la práctica con estas pautas y ejercicios.

1-­‐ Promueve  y  previene  futuros  conflictos.

Prevenir siempre es mejor que curar. Cuando el conflicto está desatado, es mucho más difícil de solucionar.

Ejercicio:  pregúntale  a  tu  pareja  abiertamente  (al  menos  una  vez  a  la  semana),  si  en   algún  momento  has  hecho  algo  que  le  moleste.  Trata  de  resolver  conflictos  siempre   antes  de  ir  a  dormir.

2-­‐ Di  “gracias”.

Valora  de  forma  consciente  las  cosas  que  tu  pareja  hace  por  ti  y  no  te   centres  únicamente  en  aquellos  “errores”  que  comete.

 Ejercicio:  toma  papel  y  lápiz  y  anota  en  una  hoja  las  cosas  que  tu  pareja  hace  por  ti,   incluyendo  tanto  los  grandes  actos  como  los  pequeños  detalles,  y  contesta   sinceramente:

• Cuando  mi  pareja  ha  hecho  alguna  de  esas  cosas,  ¿le  he  demostrado  abiertamente   aprecio/agradecimiento  por  ello?  ¿Cómo  podría  expresarle  lo  feliz  que  me  he   sentido?

comunicación en la pareja

 

3-­‐ Aprende  de  los  conflictos  vividos  juntos.

Ya han surgido conflictos en el pasado y ya los hemos resuelto. Hemos de recordar y darnos cuenta de cómo lo hicimos.

Ejercicio:  juntos,  haced  una  evaluación  de  la  situación  que  ha  supuesto  un  conflicto  y   de  cómo  se  ha  resuelto.  Recordad  qué  provocó  el  malestar,  qué  pensabais  y  cómo  os   sentíais,  para  después  reforzar  y  premiar  cómo  lo  habéis  resuelto,  cómo  se  ha   transformado  vuestro  pensamiento  y  el  bienestar  que  os  produce  haberlo  solucionado.

Si quieres profundizar en esto, el libro que recomiendo es esta magnñifica obra de Ramiro Calle, El arte de la pareja.

4-­‐ Asumir  que  ambos  sois  parte  del  problema  y  parte  de  la  solución

En  muchas  ocasiones  tendemos  a  pensar  que  nuestro  estado  de  ánimo  depende  de   nuestra  pareja,  es  decir,  que  él/ella  es  “culpable”  de  nuestro  malestar.  Esto  suele   traducirse  en  frases  tipo:  “me  presionaste  y  no  tuve  opción”,  “lo  hice  porque  me  lo   dijiste  y  mira  las  consecuencias”,  “estaba  esperando  a  que  me  dijeras  algo  para  que   habláramos”…

Ejercicio:  dibuja  3  columnas  en  una  hoja.  En  la  primera  escribe  de  qué  tiene  culpa  tu   pareja  (ejemplo:  “no  ha  tirado  la  basura  y  huele  toda  la  casa”).  En  la  segunda  haz  un   análisis  de  la  situación  pero  en  relación  contigo  mismo/a,  y  anota  tu  participación  o   responsabilidad  en  lo  sucedido.  En  la  tercera  escribe  las  posibles  acciones  que  tú   puedes  llevar  a  cabo  o  soluciones  para  que  no  vuelva    a  pasar.

 

5-­‐ Practica  el  “Te  quiero”

Muchas veces tratamos de discutir menos, cuando lo que hemos de hacer es querernos más. Esta que sigue es una buena manera.

Ejercicio:  en  un  ambiente  de  intimidad,  coged  vuestras  manos  y  miraos  directamente  a   los  ojos.  Decíos  mutuamente  lo  que  sentís  el  uno  por  el  otro,  reconociendo  la  valía.

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Mejora la comunicación con tu pareja

Pautas efiaces para hombres y mujeres de toda orientación sexual

Comunicación en la pareja (I): cuando ella quiere hablar y él sólo quiere escapar

Un problema, que vemos muy habitualmente de terapia de parejas, es la falta de comunicación. Pensamos que nuestra pareja debería ser de la forma que nosotros somos con ellos y recibir lo que nosotros damos, he ahí el error: creer que hombres y mujeres somos iguales en cuanto a cogniciones, sentimientos y expresiones. Los hombres se guardan todo, mientras que las mujeres son libros abiertos.

Este primer artículo de “Comunicación en la pareja” está dirigido sobre todo a las mujeres, para que comprendan por qué a los hombres les cuesta compartir sus problemas y daremos breves pautas para no caer en discusiones ni malentendidos.

Luis llega a su casa después de un largo día de trabajo. Ha sido un día duro: en el trabajo las cosas no van bien y ha escuchado rumores sobre posibles despidos. Está deseando traspasar el umbral de la puerta y sentarse en el sofá para ver el partido de esa noche.

Ana tampoco está contenta pues ha discutido con su mejor amiga esa tarde y espera que llegue Luis a casa para poder contárselo porque está muy agobiada.

Nada más sentarse en el sofá Luis, Ana se sienta a su lado y comienza a sacar el tema de la discusión, pero él no está receptivo. Ella se da cuenta de que no le está escuchando e intenta llamar su atención, sin conseguirlo, sintiéndose triste. Luis se excusa y le dice que no ha llevado un buen día. Ana ve aquí una oportunidad de sacarle conversación y le pregunta por ello, consiguiendo lo mismo que antes: Luis está esquivo y sólo se centra en el partido.

Ana se enfada y le echa en cara que ya no hablan y que parece que él ya no la quiere. Gritando, ella se va a la habitación, mientras Luis no entiende por qué se ha puesto de ese modo.

¿Te suena esta escena? ¿Has vivido esta situación? ¿Qué ha ocurrido?

Una aproximación a las diferencias de género

John Gray, en su libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” (1992), lo expresa de este modo: “Una de las mayores diferencias entre hombres y mujeres está en el modo en que hacen frente al estrés. Los hombres tienden a mostrarse cada vez más concentrados e introvertidos, y las mujeres cada vez más abrumadas y emotivas.

Los hombres, cuando tienen un problema gordo, se encierran en su “cueva” (como dice Gray) y se centran en él, aislándose de todo lo externo; y, hasta que no le ponga solución, no saldrá de ésta. Pocas veces el hombre compartirá un problema, a no ser que busque consejo (normalmente, tenderá a apañarse él sólo, pues no le gusta delegar en otros). En cambio, las mujeres tienden a ser más emotivas y les alivia contar todos sus problemas, vaciándose de ellos, sin necesidad de buscar soluciones.

En el caso de Luis y Ana, vemos cómo afrontan los problemas cada uno: Ana busca desahogarse contando la discusión con su amiga, mientras que Luis prefiere centrarse en el partido e intentar distraerse, ya solucionará sus quebraderos de cabeza más tarde.

Ana no comprende que Luis tiene su propia forma de hacer frente a sus preocupaciones y piensa que si no hablan de ellas, es que la relación no va bien y teme que ya no la quiera, pues para ella lo normal es compartirlo todo. Sin embargo, Luis está buscando una distracción para no pensar en asuntos del trabajo y, por ello, lo que menos le apetece es hablar de ellos y no pensar.

Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Qué podría hacer Ana para no sentirse tan apesadumbrada?

La cueva: el escondite del hombre

Primeramente, debe conocer bien qué es la cueva y por qué el hombre se refugia en ella.

Cuando un hombre se ve abrumado por sus problemas, tiende a retirarse a un lugar aislado, donde permanecerá absorto buscando una solución y reflexionando. Ese lugar es íntimo y exclusivo para él, ni siquiera sus amigos van a poder entrar. La cueva está diseñada para que el hombre angustiado o disgustado pueda tranquilizarse y recuperarse a sí mismo y su autocontrol. Si alguien intenta traspasar el umbral de una cueva, se encontrará con un ser reacio, no receptivo e, incluso, irritado: es su territorio y el acceso está claramente restringido a todo aquel que no sea él.

comunicación en la pareja

Las mujeres tienden a quererse meter en cueva constantemente para poder ayudar a su pareja, haciendo que estos se disgusten y se agobien todavía más. Para ellas mostrar apoyo, compasión o cariño es natural y algo que les reconforta recibir y dar, pero se equivocan al pensar que ofreciéndoles lo mismo a sus parejas van a conseguir el mismo resultado. Para ellos es diferente ya que intentan solucionar los problemas sin ayuda de los demás, de este modo creen que demuestran su valía y se sienten más orgullosos de sí mismos. Cuando alguien se entromete, pueden llegar a pensar que esa persona no confía en que puedan ponerle fin al quebradero por sí solos, menospreciándoles, por lo que se disgustarán.

Pequeños consejos para mujeres desesperadas

A continuación, 7 consejos para que las mujeres puedan hacer frente a las situaciones en las que los hombres están “ausentes” y no vean a la “cueva” como su enemiga.

  1. Entender la existencia de la cueva.

La cueva es tan natural para los hombres, como cuidar para las mujeres. Tenemos que entender que existen diferencias y que del mismo modo que a una mujer le gusta demostrar cariño estando pendiente de su pareja, al hombre le agrada tener su independencia de vez en cuando. Tenemos que concebirla como un proceso por el cual pasa el hombre que le hace sentir bien.

  1. Apreciar a la cueva.

En ocasiones, las mujeres pueden llegar a ver a la cueva como una intrusa o como algo malo. Si se ha comprendido el motivo de que los hombres se refugien en ella, deberá concebir que es algo que no puede cambiar y que va ligado a ellos. Si se le culpabiliza por intentar tener su independencia aislándose, él se verá más abrumado, por lo que tardará más en salir de ese estado de ausencia. Además, saber de los beneficios que le proporciona la cueva al hombre, debería hacer que las mujeres la apreciaran, pues es la que les devuelve a su pareja reconfortada.

  1. Apoyar a su pareja.

Las mujeres pueden dar apoyo a sus parejas aprobando que tenga su autonomía, no intentar ayudarles a salir, ni apiadarse o compadecerse de ellos por haber entrado en la cueva o esperar ansiosamente a que salgan.

  1. Confiar.

El hombre sale de la cueva, antes o después, pero sale. Confiar y tener fe en que ese momento llegará, ayudará con la espera.

  1. Distraerse.

Para hacer más llevadera la espera, ¡¿qué mejor que dedicarse un poco de tiempo a una misma?! Hacer actividades que distraigan y entretengan a las mujeres, harán que el tiempo se pase más rápido y también es beneficioso (y necesario) para ellas. Además, el que la mujer esté distraída, sin preocuparse por lo que se cuece en la cueva, hará que el hombre no se sienta presionado para salir, sea más flexible y tenga más ganas de abandonar su aislamiento: ver a una mujer feliz, le hará feliz y deseoso de volver a su lado.

  1. Amigas, las eternas confidentes.

Cuando se sienta la necesidad de hablar de los problemas, se puede recurrir a desahogarse con las amigas. Ellas también son mujeres y están “programadas” para escuchar y apoyar, por lo que es una buena vía de escape.

  1. “Cuando tengas ganas de hablar, ¿me lo dirás?”

Cuando se vislumbre una muestra de que la salida de la cueva es inminente, se puede formular esta breve frase, de este modo, las dos partes de la pareja saben que están receptivos a tener una conversación sin presiones.

Espero que este artículo haya sido de tu agrado. Sé que puede parecer que existen estereotipos o generalizaciones a lo largo del escrito, pero recalcar en todo momento de la existencia de las diferencias individuales y, ante todo, una igualdad entre ambos géneros.

Próximamente hablaremos de cómo se enfrentan los hombres cuando una mujer necesita desahogarse y daremos consejos para entenderlas en esta serie sobre la comunicación en la pareja.

María Cartagena, Psicóloga.