Comunicación en la pareja (I): cuando ella quiere hablar y él sólo quiere escapar

Un problema, que vemos muy habitualmente de terapia de parejas, es la falta de comunicación. Pensamos que nuestra pareja debería ser de la forma que nosotros somos con ellos y recibir lo que nosotros damos, he ahí el error: creer que hombres y mujeres somos iguales en cuanto a cogniciones, sentimientos y expresiones. Los hombres se guardan todo, mientras que las mujeres son libros abiertos.

Este primer artículo de “Comunicación en la pareja” está dirigido sobre todo a las mujeres, para que comprendan por qué a los hombres les cuesta compartir sus problemas y daremos breves pautas para no caer en discusiones ni malentendidos.

Luis llega a su casa después de un largo día de trabajo. Ha sido un día duro: en el trabajo las cosas no van bien y ha escuchado rumores sobre posibles despidos. Está deseando traspasar el umbral de la puerta y sentarse en el sofá para ver el partido de esa noche.

Ana tampoco está contenta pues ha discutido con su mejor amiga esa tarde y espera que llegue Luis a casa para poder contárselo porque está muy agobiada.

Nada más sentarse en el sofá Luis, Ana se sienta a su lado y comienza a sacar el tema de la discusión, pero él no está receptivo. Ella se da cuenta de que no le está escuchando e intenta llamar su atención, sin conseguirlo, sintiéndose triste. Luis se excusa y le dice que no ha llevado un buen día. Ana ve aquí una oportunidad de sacarle conversación y le pregunta por ello, consiguiendo lo mismo que antes: Luis está esquivo y sólo se centra en el partido.

Ana se enfada y le echa en cara que ya no hablan y que parece que él ya no la quiere. Gritando, ella se va a la habitación, mientras Luis no entiende por qué se ha puesto de ese modo.

¿Te suena esta escena? ¿Has vivido esta situación? ¿Qué ha ocurrido?

Una aproximación a las diferencias de género

John Gray, en su libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus” (1992), lo expresa de este modo: “Una de las mayores diferencias entre hombres y mujeres está en el modo en que hacen frente al estrés. Los hombres tienden a mostrarse cada vez más concentrados e introvertidos, y las mujeres cada vez más abrumadas y emotivas.

Los hombres, cuando tienen un problema gordo, se encierran en su “cueva” (como dice Gray) y se centran en él, aislándose de todo lo externo; y, hasta que no le ponga solución, no saldrá de ésta. Pocas veces el hombre compartirá un problema, a no ser que busque consejo (normalmente, tenderá a apañarse él sólo, pues no le gusta delegar en otros). En cambio, las mujeres tienden a ser más emotivas y les alivia contar todos sus problemas, vaciándose de ellos, sin necesidad de buscar soluciones.

En el caso de Luis y Ana, vemos cómo afrontan los problemas cada uno: Ana busca desahogarse contando la discusión con su amiga, mientras que Luis prefiere centrarse en el partido e intentar distraerse, ya solucionará sus quebraderos de cabeza más tarde.

Ana no comprende que Luis tiene su propia forma de hacer frente a sus preocupaciones y piensa que si no hablan de ellas, es que la relación no va bien y teme que ya no la quiera, pues para ella lo normal es compartirlo todo. Sin embargo, Luis está buscando una distracción para no pensar en asuntos del trabajo y, por ello, lo que menos le apetece es hablar de ellos y no pensar.

Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Qué podría hacer Ana para no sentirse tan apesadumbrada?

La cueva: el escondite del hombre

Primeramente, debe conocer bien qué es la cueva y por qué el hombre se refugia en ella.

Cuando un hombre se ve abrumado por sus problemas, tiende a retirarse a un lugar aislado, donde permanecerá absorto buscando una solución y reflexionando. Ese lugar es íntimo y exclusivo para él, ni siquiera sus amigos van a poder entrar. La cueva está diseñada para que el hombre angustiado o disgustado pueda tranquilizarse y recuperarse a sí mismo y su autocontrol. Si alguien intenta traspasar el umbral de una cueva, se encontrará con un ser reacio, no receptivo e, incluso, irritado: es su territorio y el acceso está claramente restringido a todo aquel que no sea él.

comunicación en la pareja

Las mujeres tienden a quererse meter en cueva constantemente para poder ayudar a su pareja, haciendo que estos se disgusten y se agobien todavía más. Para ellas mostrar apoyo, compasión o cariño es natural y algo que les reconforta recibir y dar, pero se equivocan al pensar que ofreciéndoles lo mismo a sus parejas van a conseguir el mismo resultado. Para ellos es diferente ya que intentan solucionar los problemas sin ayuda de los demás, de este modo creen que demuestran su valía y se sienten más orgullosos de sí mismos. Cuando alguien se entromete, pueden llegar a pensar que esa persona no confía en que puedan ponerle fin al quebradero por sí solos, menospreciándoles, por lo que se disgustarán.

Pequeños consejos para mujeres desesperadas

A continuación, 7 consejos para que las mujeres puedan hacer frente a las situaciones en las que los hombres están “ausentes” y no vean a la “cueva” como su enemiga.

  1. Entender la existencia de la cueva.

La cueva es tan natural para los hombres, como cuidar para las mujeres. Tenemos que entender que existen diferencias y que del mismo modo que a una mujer le gusta demostrar cariño estando pendiente de su pareja, al hombre le agrada tener su independencia de vez en cuando. Tenemos que concebirla como un proceso por el cual pasa el hombre que le hace sentir bien.

  1. Apreciar a la cueva.

En ocasiones, las mujeres pueden llegar a ver a la cueva como una intrusa o como algo malo. Si se ha comprendido el motivo de que los hombres se refugien en ella, deberá concebir que es algo que no puede cambiar y que va ligado a ellos. Si se le culpabiliza por intentar tener su independencia aislándose, él se verá más abrumado, por lo que tardará más en salir de ese estado de ausencia. Además, saber de los beneficios que le proporciona la cueva al hombre, debería hacer que las mujeres la apreciaran, pues es la que les devuelve a su pareja reconfortada.

  1. Apoyar a su pareja.

Las mujeres pueden dar apoyo a sus parejas aprobando que tenga su autonomía, no intentar ayudarles a salir, ni apiadarse o compadecerse de ellos por haber entrado en la cueva o esperar ansiosamente a que salgan.

  1. Confiar.

El hombre sale de la cueva, antes o después, pero sale. Confiar y tener fe en que ese momento llegará, ayudará con la espera.

  1. Distraerse.

Para hacer más llevadera la espera, ¡¿qué mejor que dedicarse un poco de tiempo a una misma?! Hacer actividades que distraigan y entretengan a las mujeres, harán que el tiempo se pase más rápido y también es beneficioso (y necesario) para ellas. Además, el que la mujer esté distraída, sin preocuparse por lo que se cuece en la cueva, hará que el hombre no se sienta presionado para salir, sea más flexible y tenga más ganas de abandonar su aislamiento: ver a una mujer feliz, le hará feliz y deseoso de volver a su lado.

  1. Amigas, las eternas confidentes.

Cuando se sienta la necesidad de hablar de los problemas, se puede recurrir a desahogarse con las amigas. Ellas también son mujeres y están “programadas” para escuchar y apoyar, por lo que es una buena vía de escape.

  1. “Cuando tengas ganas de hablar, ¿me lo dirás?”

Cuando se vislumbre una muestra de que la salida de la cueva es inminente, se puede formular esta breve frase, de este modo, las dos partes de la pareja saben que están receptivos a tener una conversación sin presiones.

Espero que este artículo haya sido de tu agrado. Sé que puede parecer que existen estereotipos o generalizaciones a lo largo del escrito, pero recalcar en todo momento de la existencia de las diferencias individuales y, ante todo, una igualdad entre ambos géneros.

Próximamente hablaremos de cómo se enfrentan los hombres cuando una mujer necesita desahogarse y daremos consejos para entenderlas en esta serie sobre la comunicación en la pareja.

María Cartagena, Psicóloga.

Antoni Martinez
Psicólogo y psicoterapeuta apasionado por la Psicología Positiva. En Valencia y activo online. Me encanta el proceso de enseñar y aprender en cada taller que imparto y de cada persona que conozco. Conoce mucho más Sobre mi
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3 comentarios
  1. desesperación
    desesperación Dice:

    Buen articulo, que justifica muy bien al sexo masculino, sin embargo, me surge una duda: cuando el problema de la mujer está ligado directamente con el trabajo del marido, y necesita hablarlo con él y no con ninguna amiga, ¿como se hace?
    Estaría bien también, que se dieran consejos al hombre para lidiar con la forma de ser de la mujer, ¿Para cuando ese artículo?

    Responder
  2. Ángel
    Ángel Dice:

    Hola.
    No necesariamente hay que poner siempre el ejemplo de que el hombre no quiere hablar.
    Hay mujeres que no hablan con su pareja de los asuntos que la agobian y se encierran en su cueva.

    Responder

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