No es muy común en español el uso de la palabra “amorosidad”.

Desde lo didáctico esa palabra fue utilizada reiteradamente por el gran Paulo Freire en su “Cartas a quien pretende Enseñar”. En la esencia de su libro nos invita a cuestionarnos y mirarnos frente a las cualidades que él considera debe tener todo verdadero maestro; es el llamado a revisar en nosotros la humildad, la amorosidad, la valentía, la tolerancia, la decisión, la seguridad, la tensión entre la paciencia y la impaciencia, la alegría de vivir,

Se constituyen, según Freire, en las cualidades por excelencia para crear una escuela “en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama, se adivina la escuela en que apasionadamente se le dice sí a la vida”.

Un uso habitual de la palabra amorosidad, refiere al concepto de ser amoroso con el otro.

He descubierto en la clínica, y no solo en la presencial, sino también en la virtual, la poderosa influencia sanadora de la práctica y transmisión del concepto de amorosidad.

Es como si muchos de nosotros, nunca hubiésemos recibido el concepto de la necesidad de ser amorosos en nuestra vida cotidiana. Amorosos con nuestros hijos, con nuestra familia, con nuestros amigos y con todas las personas con las que tratamos e intercambiamos, de alguna manera, energía.

Dentro de las técnicas, los recursos o las capacidades del psicólogo, la amorosidad, debería ser una actitud permanente que permita a quien acude por algún tipo de ayuda o a quien padece una patología, sentirse apreciado como persona, comprendido en su dolor y acompañado en su forma de sentir.


La amorosidad, como ser una actitud permanente hacia quien acude a pedir ayuda y así sentirse apreciado, comprendido y acompañado

Jung manifiesta: “conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana“. Esto nos sitúa en una dimensión compartida, donde la ayuda se expresa en brindar a los pacientes nuevas variantes que puedan enriquecer sus recursos para ayudarse a sí mismos en sus conflictos.

Sin embargo, esto no es aplicable sólo en un consultorio o entre un terapeuta y su paciente, sino en nuestras relaciones cotidianas, donde la amorosidad debería jugar un papel fundamental en todas nuestras relaciones, sea cual fuere el carácter de las mismas.

¿Cómo podemos tener una mejor calidad de vida?

Si pensamos y sentimos “con” el otro y desde el otro, probablemente podremos evitar muchos conflictos y por tanto mejorar nuestra calidad de vida y la de nuestros consultantes.

Esto nos acerca al concepto de empatía. La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, ayuda a comprender mejor el comportamiento del otro en determinadas circunstancias y la forma en que toma las decisiones.

La persona empática se caracteriza por tener afinidades e identificarse con otra persona. Es saber escuchar a los demás, entender sus problemas y emociones. Cuando alguien dice “hubo una empatía inmediata entre nosotros”, quiere decir que hubo una gran conexión, una identificación inmediata.

Y, de eso trata la vida, de eso trata también la terapia. Como vincularnos con amorosidad a los otros y como transmitir ese espíritu para que cada uno lo pueda jugar en su propia vida y en sus propios vínculos.

Lic. Marcelo Sitnisky

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